23 de Agosto, 1992
Querido amigo,
He estado en el hospital durante los últimos dos meses. Hasta ayer no me dejaron salir. El médico me dijo que mis padres me encontraron en el sofá del salón. Estaba completamente desnudo, sin hacer otra cosa que mirar la televisión, que estaba apagada. No hablaba ni reaccionaba, dijeron. Mi padre incluso me dio una bofetada para despertarme, y como te conté, él nunca me ha pegado. Pero no funcionó. Así que me trajeron al hospital donde me ingresaron cuando tenía siete años después de que mi tía Helen muriera. Me contaron que estuve sin hablar ni reconocer a nadie durante una semana. Ni siquiera a Patrick, que debió de visitarme durante ese tiempo. Asusta pensarlo.
Lo único que recuerdo es haber echado la carta al buzón. Lo siguiente que supe es que estaba sentado en la consulta de un médico. Y me acordé de mi tía Helen. Y empecé a llorar. Y el médico, que resultó ser una mujer muy agradable, empezó a hacerme preguntas. Y las respondí.
No me apetece hablar de las preguntas y las respuestas. Pero más o menos comprendí que todo lo que soñé sobre mi tía Helen era cierto. Y tiempo después me di cuenta de que ocurría cada sábado cuando veíamos la televisión.
Las primeras semanas en el hospital fueron muy duras.
Lo peor fue estar sentado en la consulta cuando la médica les contó a mis padres lo que había ocurrido. Nunca he visto a mi madre llorar tanto. O a mi padre tan enfadado. Porque en su día no se dieron cuenta de lo que pasaba.
Pero desde entonces la médica me ha ayudado a resolver muchas cosas. Sobre mi tía Helen. Y sobre mi familia. Y sobre mis amigos. Y sobre mí. Hay muchas fases que atravesar en este tipo de cosas, y ella lo ha hecho verdaderamente bien en todas.
Lo que más me ayudó, en cambio, fue la época en la que pude tener visitas. Mi familia, incluidos mi hermanos, siempre venía esos días hasta que mi hermano tuvo que volver a la universidad para jugar al fútbol. Después de aquello, mi familia venía sin mi hermano, y mi hermano me enviaba postales. Incluso me contó en su última postal que había leído mi redacción sobre Walden y le había gustado mucho, lo que me hizo sentir fenomenal. Como la primera vez que vi a Patrick. Lo mejor de Patrick es que incluso cuando estás en el hospital sigue siendo él mismo. Suelta bromas para hacerte sentir mejor en vez de hacerte preguntas sobre sentirte peor. Incluso me trajo una carta de Sam, y Sam decía que iba a volver a finales de agosto, y que si me recuperaba por entonces, ella y Patrick me llevarían conduciendo por el túnel. Y esta vez podría ponerme de pie en la parte trasera de la camioneta si quería. Ese tipo de cosas me ayudaron más que nada.
Los días en los que recibía correo eran buenos, también. Mi abuelo me envió una carta muy bonita. También mi tía abuela. También mi abuela y el tío abuelo Phil. Mi tía Rebecca incluso me mandó flores con una tarjeta firmada por todos mis primos de Ohio. Era bonito saber que estaban todos pensando en mí, como también fue bonito cuando Patrick trajo a Mary Elizabeth y a Alice y a Bob y a todos a visitarme. Incluidos Peter y Craig. Supongo que han vuelto a ser amigos. Y me alegré de que vinieran. Y también me alegré de que Mary Elizabeth hablara casi todo el rato. Porque hacía que las cosas parecieran más normales. Mary Elizabeth incluso se quedó un poco más que los demás. Me alegré de tener la oportunidad de hablar con ella a solas antes de que se fuera a Berkeley. Y también me alegré por Bill y su novia cuando vinieron a verme hace dos semanas. Se van a casar en noviembre, y quieren que vaya a su boda. Es bonito tener cosas que esperar.
El momento en el que empezó a parecer que todo iría a mejor fue un día que mis hermanos se quedaron en el hospital después de que mis padres se fueran. Esto fue en algún momento de julio. Me hicieron un montón de preguntas sobre la tía Helen, porque supongo que a ellos no les pasó nada. Y mi hermano parecía muy triste. Y mi hermana muy enfadada. Fue en esa época cuando las cosas empezaron a aclararse porque ya no había nadie a quien seguir odiando después de aquello.
Me refiero a que miré a mis hermanos y pensé que algún día serían una tía y un tío, igual que yo sería un tío. Como mi madre y tía Helen fueron hermanas.
Y podríamos sentarnos y hacernos preguntas y sentirnos mal por los demás y culpar a un montón de gente por lo que hicieron o no hicieron o por lo que ignoraron. No sé. Supongo que siempre habrá alguien a quien culpar. Quizá si mi abuelo no le hubiera pegado, mi madre no sería tan callada. Y quizá no se habría casado con mi padre porque él nunca levanta la mano. Y quizá yo no habría nacido. Pero me alegro de haber nacido, así que no sé qué decir al respecto, sobre todo porque mi madre parece feliz con su vida, y no sé qué más se puede pedir.
Siento que, si culpara a mi tía Helen, tendría que culpar a su padre por pegarle y al amigo de la familia que le hacía cosas cuando era pequeña. Y la persona que le hacía cosas a él. Y a Dios por no parar todo esto y cosas que son mucho peores. Y lo hice durante un tiempo, pero después ya no pude más. Porque no iba a ninguna parte. Porque no se trataba de eso.
No soy como soy por lo que haya soñado y recordado sobre mi tía Helen. Eso es lo que comprendí cuando las cosas se quedaron en silencio. Y creo que es muy importante saberlo. Hizo que todo se aclarara y encajara. No me malinterpretes. Sé que lo que pasó fue importante. Y necesitaba recordarlo. Pero es como cuando mi médico me contó la historia de dos hermanos cuyo padre era muy alcohólico. Un hermano se convirtió de mayor en un próspero carpintero que nunca bebía. El otro hermano acabó siendo un borracho perdido como su padre. Cuando le preguntaron al primer hermano por qué él no bebía, dijo que después de ver lo que la bebida le había hecho a su padre, nunca había podido ni probarlo. Cuando le preguntaron al otro hermano, dijo que creía que había aprendido a beber en las rodillas de su padre. Así que supongo que somos quienes somos por un montón de razones. Y quizá nunca conozcamos la mayoría de ellas. Pero aunque no tengamos el poder de elegir de dónde venimos, todavía podemos elegir adónde vamos desde ahí. Todavía podemos hacer cosas. Y podemos intentar sentirnos bien con ellas.
Creo que si alguna vez tengo hijos y están disgustados, no les diré que la gente se muere de hambre en China ni nada parecido porque no cambiaría el hecho de que estén disgustados. E incluso si otra persona lo tiene mucho peor, eso realmente no cambia el hecho de que tú tienes lo que tienes. Bueno y malo. Como lo que mi hermana dijo cuando yo llevaba ya una temporada en el hospital. Dijo que estaba muy preocupada por ir a la universidad, y en comparación con lo que yo estaba pasando, se sentía muy tonta. Pero no sé por qué se iba a sentir tonta. Yo también estaría preocupado. Y en serio, no creo que yo lo tenga mejor ni peor que ella. No sé. Es diferente. Quizá sea bueno poner las cosas en perspectiva, pero, a veces, creo que la única perspectiva es estar allí de verdad. Como dijo Sam. Porque está bien sentir cosas. Y ser tú mismo al respecto.
Cuando me dejaron salir ayer, mi madre me trajo de vuelta a casa en coche. Era mediodía y me preguntó si tenía hambre. Y dije que sí. Entonces me preguntó qué quería, y le dije que ir al McDonald’s como solíamos hacer cuando era pequeño y me ponía enfermo y me quedaba en casa en vez de ir al colegio. Así que fuimos. Y fue muy agradable estar con mi madre y comer patatas fritas. Y más tarde, esa noche, estar con mi familia durante la cena y que las cosas fueran como habían sido siempre. Esa fue la parte más increíble. Que todo continuaba. No hablamos de nada serio ni superficial. Solo estábamos juntos. Y eso bastaba.
Bueno, hoy mi padre ha ido a trabajar. Y mi madre nos ha llevado a mi hermana y a mí a comprar cosas de último minuto para mi hermana porque se va a la universidad dentro de poco. Cuando volvimos, llamé a casa de Patrick porque había dicho que Sam estaría de vuelta por entonces. Sam contestó al teléfono. Y fue muy agradable volver a oír su voz.
Más tarde, se pasaron por casa en la camioneta de Sam. Y fuimos al Big Boy igual que hacíamos siempre. Sam nos habló de su vida en la universidad, que parecía muy emocionante. Y yo le hablé de mi vida en el hospital, que no lo parecía. Y Patrick hizo bromas para que todo el mundo fuera sincero. Después de irnos, nos subimos en la camioneta de Sam, y como Sam me había prometido, nos dirigimos hacia el túnel.
Alrededor de un kilómetro antes de llegar al túnel, Sam paró el coche y yo me subí detrás. Patrick puso la radio muy alta para que yo pudiera oírla, y mientras nos acercábamos al túnel, escuché la música y pensé en todas las cosas que la gente me ha dicho durante el último año. Pensé en Bill diciéndome que yo era especial. Y en mi hermana diciéndome que me quería. Y mi madre, también. E incluso mi padre y mi hermano cuando estaba en el hospital. Pensé en Patrick diciéndome que era su amigo. Y pensé en Sam diciéndome que hiciera cosas. Para estar realmente allí. Y pensé sencillamente en lo genial que es tener amigos y familia.
Mientras entrábamos en el túnel, no levanté los brazos como si volara. Solo dejé que el viento me corriera por la cara. Y empecé a llorar y a sonreír al mismo tiempo. Porque no podía evitar sentir tanto amor como sentía por mi tía Helen por comprarme dos regalos. Y tanto deseo porque el regalo que le había comprado a mi madre por mi cumpleaños fuera muy especial. Y porque mis hermanos y Sam y Patrick y todos fueran felices.
Pero sobre todo, lloraba porque de repente fui consciente del hecho de que era yo el que estaba de pie en ese túnel con el viento corriendo por mi cara. Sin preocuparme de ver el centro de la ciudad. Sin ni siquiera pensar en ello. Porque estaba de pie en el túnel. Y estaba realmente allí. Y aquello era suficiente para hacerme sentir infinito.
Mañana empiezo mi segundo año de instituto. Y lo creas o no, no tengo ningún miedo de ir. No sé si tendré tiempo para escribir más cartas, porque podría estar demasiado ocupado intentando «implicarme».
Así que, si esta acaba siendo mi última carta, por favor, piensa que las cosas me irán bien, y que aun cuando no sea así, pronto se arreglarán.
Y yo pensaré lo mismo de ti.
Con mucho cariño,
Charlie