Todos los seres vivos tienen algún punto débil. Incluso el mago más poderoso presenta características que pueden interponerse en su camino a la hora de ejercer su poder.
Me sorprende que los altos mysters no se hayan preocupado por descubrir su mayor debilidad en relación con el Oscuro del mar de la Noche desde la muerte de Raïelf, esto es: su propia magia, que atrae al Oscuro como el cebo atrae al pez.
ENDYR DE CIUDAD DEL SUR,
Las debilidades del poder
El sol todavía no había salido cuando Wedgebolt dio órdenes de levar el ancla del Astuta Cuchilla de los Nueve Mares. El barco se dirigía a Puerto de Serth con todo el velamen desplegado.
El suave balanceo del barco despertó a Lethe. Se frotó los ojos y se volvió hacia la litera de Matei. Estaba vacía. Lethe seguía sorprendido por los comentarios que había hecho el alto myster durante la noche. Subió a cubierta; deseaba ver la esclusa de Lundyker.
Avanzó hasta donde estaba Mano Firme, el cual, como siempre, sujetaba la rueda con firmeza. Cuando el Astuta Cuchilla de los Nueve Mares abandonó el abrigo de Punter, una brisa del noroeste empujó como una mano suave la embarcación. Wedgebolt ordenó a su tripulación cambiar la posición de las velas y arrizar a media altura la vela mayor. El barco aprovechó el viento, como una hoja en otoño, para deslizarse a través del ondulante olaje.
Wedgebolt llegó hasta donde estaban Mano Firme y Lethe.
—¿Dónde está Matei? —preguntó.
Su tono de voz sugería que ya conocía la respuesta. Lethe se preguntó una vez más acerca de la capacidad de Wedgebolt de ver cosas que ninguna otra persona podía ver.
—No está, y tampoco ha dormido en su litera.
Wedgebolt asintió con la cabeza y cambió de tema.
—Si tenemos suerte, podremos pasar por la esclusa de Lundyker antes del mediodía. Sólo la cierran tres veces al día: por la mañana temprano, a primera hora de la tarde y justo antes de la puesta de sol.
Llegaron antes del mediodía gracias al viento, que cada vez cobraba más fuerza. Fascinado, Lethe observó las compuertas de la esclusa suspendidas entre dos altas torres grúa. El agua resbalaba por las compuertas, y la parte que normalmente permanecía sumergida estaba recubierta por una gruesa capa de algas. Intentó calcular el tamaño de la esclusa. Pareció que Mano Firme le leía el pensamiento.
—Más de treinta metros de alto y casi cuarenta de ancho. Construida en madera de mangiet, un material escaso. Las torres grúa se elevan a una altura de setenta metros y presentan una anchura de más de cuarenta.
Impresionado, Lethe recorrió con la mirada las torres negras mientras pasaban lentamente entre ellas.
Mano Firme señaló las ruedas dentadas en la base de las torres, de las que salían cables del grosor de un puño que servían para inmovilizar las compuertas.
—Son necesarios doscientos hombres para subir y bajar las compuertas. En primer lugar, la compuerta inferior, después la superior. A media tarde, invierten el orden para que las embarcaciones puedan salir. El proceso es tan agotador que los trabajadores deben ser relevados para el turno de noche.
Con un brazo señaló el lago en forma de pera que se abría detrás de la esclusa y los contornos de Puerto de Serth.
—Las aguas del lago Lundyker se encuentran a tres metros de altura por encima del nivel del mar. Gracias a la esclusa, Puerto de Serth se ha convertido en una de las principales ciudades portuarias del reino.
El Astuta Cuchilla de los Nueve Mares atracó en el muelle de la esclusa; era la única nave que se encontraba en el interior. Los dos orificios de desagüe próximos a la compuerta superior se abrieron para dejar paso a las aguas del lago Lundyker. Pasó más de una hora antes de que el agua en el interior de la esclusa alcanzase el nivel del lago. Doscientos hombres izaron la compuerta superior a gran altura por encima del Astuta Cuchilla de los Nueve Mares, y el barco lentamente se adentró en el lago Lundyker. Había barcos fondeados incluso en fila de a tres en el largo muelle de Lundyker de Puerto de Serth.
Wedgebolt maniobró hacia el oeste, donde había unas cuantas barcazas y carabelones amarrados en un antiguo embarcadero.
—Siempre hay sitio en el muelle del capitán Bergalt —retumbó su voz.
De nuevo, tenía razón. Entre dos decrépitas carabelas había un espacio libre lo suficientemente grande para el Astuta Cuchilla de los Nueve Mares. Con certera precisión, el barco maniobró a lo largo del muelle. Los palos y las tablas, ya viejos, crujieron de forma amenazadora cuando el viento del noroeste empujó el barco contra los norays de amarre.
Un anciano de cabellos hirsutos y ropas raídas se acercó a ellos.
—¡Que me aspen si ése no es Wedgebolt, domador de los mares! —exclamó una voz chillona.
Wedgebolt se inclinó sobre el pasamanos de la cubierta de proa y sonrió.
—¡Bergalt! —exclamó—. Ha pasado mucho tiempo, capitán. ¡Ahí va!
Lanzó una amarra dibujando un amplio arco. Bergalt sabía lo suficiente como para dejar que cayera al muelle antes de correr para cobrarla y amarrarla al noray con unos cuantos movimientos hábiles. Hizo lo mismo con la amarra de popa.
Llanfereit, Pit, Lethe, Gaithnard, Marakis y Dotar ya se encontraban en la plancha de desembarque con todo su equipaje.
—Matei no está aquí —había comentado Llanfereit previamente—. Me pidió que buscara una posada donde alojarnos. Le esperaremos allí. Mientras tanto, tendremos tiempo de hablar de muchos asuntos.
—¿Sabes adónde fue Matei? —preguntó Marakis.
Llanfereit parecía reacio a compartir sus conocimientos. Se mordió los labios, pensativo. Después se encogió de hombros.
—Anoche Matei recibió dos mensajes. Uno traía malas noticias: V'ryn Central ha sucumbido a la magia incolora, según nos ha informado Elin, la esposa de Rayn, que se encarga de seguir la evolución del fenómeno en esa zona por encargo de Matei. La mitad de la isla ha desaparecido bajo las olas; pulverizada. Los habitantes han sido trasladados a V'ryn Oriental. Lo único que Matei dijo del otro mensaje es que debía partir para investigar algo y que podría llevarle unos cuantos días.
Matei había tomado forma de águila para volar hasta V'ryn Central. Desde el cielo pudo comprobar hasta qué punto la isla había quedado afectada. Como mínimo, tres cuartas partes de su superficie habían desaparecido bajo las olas.
Las aguas revueltas parecían hervir en torno a lo que quedaba de la isla. Se oían silbidos estridentes, como si atacaran la isla por todos lados. Fragmentos de nubes de color amarillo grisáceo se precipitaban sobre las dos poblaciones costeras que seguían en pie en el sureste de la isla, donde una decena de isleños todavía tenían la esperanza de que el fenómeno cesase.
Por lo que había visto, Matei llegó a la conclusión de que ese ataque era más salvaje y directo que el sufrido por V'ryn del Norte. Una de las aldeas, Punta de Malter, contaba con un pequeño puerto, así que los últimos supervivientes todavía tenían la oportunidad de es capar. El mensaje enviado por Elin hablaba de un grupo de rezagados. Había una decena de botes de pesca preparados para trasladarlos a V'ryn Oriental, la mayor de las tres islas que componían el archipiélago de las Rompientes Exteriores. El único obstáculo que deberían salvar era el mar embravecido. Las olas saltaban y bailaban en todas direcciones. No cabía duda de que el Oscuro del mar de la Noche había originado el tempestuoso oleaje.
Matei sentía la presencia del Oscuro, aunque no había ninguna criatura tangible a la vista. Muy cerca se estaba manifestando el mayor enemigo de la magia de Loh. Matei vaciló. Quizá debería haberle acompañado Lethe, pero su intuición le había dicho que debía dejar descansar al No Mago.
Permaneció suspendido en el aire: un buen método para mantenerse alejado del Oscuro, como ya sabía. Sin embargo, tendría que aventurarse en el ámbito de influencia del Oscuro si quería llevar a buen término lo que había venido a hacer.
Unos dedos helados rozaron su corazón. Se había comportado como un tonto; su intuición le había fallado. Hubiera sido mucho más fácil para Lethe conseguir una muestra de piedra pulverizada. Tendría que pedírselo a Elin, algo que no deseaba hacer, puesto que todavía estaba llorando a Rayn, su marido, que no había regresado de su misión de búsqueda en el mar de la Noche septentrional. Pero no le quedaba otra opción.
Descendió con un fuerte batir de alas. Cuando sintió la cercanía del Oscuro, plegó sus alas y se lanzó en picado hacia Punta de Malter.
El silbido omnipresente era entonces distinto; se había convertido en una cacofonía de rugidos ensordecedores. Sintió la ira arremolinándose a su alrededor. Unos círculos amarillos se abalanzaron sobre él, pero consiguió esquivarlos. Negros pensamientos se agolparon en su mente con la intención de hacer pedazos su Campo de Vacío Defensivo Quintuplicado, pero Matei consiguió mantener el hechizo murmurando unas cuantas palabras de refuerzo.
El alto myster bloqueó sus oídos y aterrizó en el angosto embarcadero del pueblo pesquero. Los aullidos desaparecieron tras convertirse en alaridos enfurecidos, y más círculos amarillos se proyectaron hacia las alturas precipitadamente. No había nadie más en el embarcadero. Las contraventanas de las estrechas casas de madera estaban cerradas. Gracias a su investigación previa sobre la magia incolora sabía que el Oscuro tardaría algún tiempo en orientarse. El Oscuro era una criatura marina, y en tierra tenía dificultades para encontrar el camino correcto. Todos los sonidos se retiraron hasta convertirse en un ruido de fondo, como si el pueblo fuera inmune a la magia incolora.
A pesar de ello, Matei oyó cómo los aullidos del Oscuro llegaban a su punto culminante. Durante unos pocos segundos, se preguntó cuál sería la causa. ¿Acaso creía el Oscuro que podría atraparle?
Dejó a un lado tales pensamientos. No tenía tiempo que perder.
—¡Elin! —gritó al pasar por las casas que flanqueaban el embarcadero.
Se abrió un postigo; Elin se asomó a la ventana. La puerta estaba abierta. Matei entró en la casa. Junto a Elin se encontraban dos jóvenes.
—Son pescadores —aclaró Elin—. Te presento a Goideryn y a Smertan. Me llevarán a V'ryn Central.
Matei saludó con la cabeza a ambos hombres. Elin guardó silencio, esperando que fuera Matei quien hablara. Matei no sabía cómo plantear su petición; Elin le ayudó.
—Quieres que tome una muestra de roca pulverizada —dijo con resignación.
Matei asintió, ligeramente avergonzado.
Elin empezó a reír.
—Ya me lo había imaginado. —Extrajo una pequeña bolsa—. Por eso, me adelanté y cogí unos cuantos fragmentos de roca para ti. Pero debes darte prisa porque en menos de un día el contenido de la bolsa se habrá pulverizado y sólo quedará un polvo amarillo.
—Elin —empezó a decir Matei—, eres…
El fragor cobró tanta fuerza que puertas y ventanas empezaron a vibrar en los marcos. Matei tomó rápidamente la bolsa de las manos de Elin.
—¿Hay una puerta trasera? —preguntó, apurado.
Elin le mostró el camino. Algo estaba golpeando la puerta principal y las contraventanas, y se oyó el ruido de la madera al astillarse. Elin abrió la puerta de atrás. Matei se volvió hacia ella.
—Todavía hay una posibilidad de que Rayn siga con vida —dijo jadeando—. Ahora me dispongo a comprobarlo. Tendrás noticias mías muy pronto. Debéis partir hacia V'ryn Central. Cuando salga corriendo, atraeré la atención del Oscuro. Aprovechad ese momento.
Elin se había quedado boquiabierta.
Matei murmuró el hechizo para convertirse en águila, despegó y se alejó aleteando entre las casas en dirección al este. Al llegar a la costa este de Punta de Malter, voló como una flecha hacia arriba, esquivó a duras penas unos cuantos círculos amarillos y se alejó del lugar maldito en el que se había convertido V'ryn Central, mientras la ira del Oscuro alcanzaba niveles insospechados.
Las aguas que rodeaban los restos de V'ryn Central, arremolinadas, originaban gran cantidad de espuma. Sobre el mar en ebullición se oían silbidos que se convertían en brutales alaridos. Los círculos amarillos se agolparon en una nube y se abalanzaron sobre la aldea. Elin, los dos pescadores y otros quince rezagados se dieron cuenta del peligro. Salieron huyendo de sus casas y se apresuraron, aterrados, hacia las embarcaciones que quedaban en el puerto. Elin tropezó y cayó. Esperaba que uno de los círculos la alcanzara, pero no ocurrió. Se puso en pie con dificultades y caminó tambaleándose hacia el bote.
La ira del Oscuro se concentró en la casa en la que Elin y los dos pescadores se habían escondido. Nubes negras como el mangiet se arremolinaron para cubrir la casa. Decenas de círculos amarillos envolvieron las estructuras. Elin oyó cómo se resquebrajaba la madera de la fachada y, al mirar atrás, vio cómo las manchas amarillas se extendían por la construcción. La parte frontal de la casa se había desplomado parcialmente. Se preguntaba si el Oscuro avanzaba a ciegas en tierra firme, o si sus movimientos y pensamientos eran más lentos cuando abandonaba sus dominios, el mar. En cualquier caso, esa circunstancia les proporcionó el tiempo justo para subir a bordo de la embarcación y huir hacia V'ryn Oriental.
Poco después de su apresurado desembarco en la pequeña playa de arena del pueblo pesquero de Sker, olas como montañas asolaban la costa de V'ryn Oriental. Con las olas llegaron los aullidos, y los círculos amarillos ya estaban a tocar de la playa y las rocas circundantes. Las manchas de color amarillo pálido empezaron a extenderse inmediatamente.
La magia incolora había alcanzado V'ryn Oriental.