EL ORDEN QUE ESTABLEZCAMOS PARA LAS ESCUELAS DEBEMOS TOMARLO DE LA NATURALEZA; Y HA DE SER TAL, QUE NINGUNA CLASE DE OBSTÁCULOS PUEDA ALTERARLE.
1. Comencemos, en nombre de Dios, a investigar sobre qué, a modo de roca inmóvil, podemos establecer el Método de enseñar y aprender. Y al procurar los remedios para los el defectos naturales, no debemos buscarlos en otra parte sino de la misma Naturaleza. Es realmente cierto que el arte nada puede si no imita a la Naturaleza.
2. Pondremos algunos ejemplos. Vemos a un pez nadar en el agua. Es un acto natural en él. Si el hombre quiere imitarle, tiene necesariamente que emplear instrumentos y ejecutar operaciones semejantes; utilizar los brazos a modo de aletas y los pies en lugar de cola, moviéndolos como el pez agita sus aletas. Las embarcaciones solamente pueden construirse respondiendo a la misma idea, en lugar de las aletas están los remos o la vela y en vez de la cola el timón o gobernalle. Observa a las aves volar por el aire. Lo hacen por naturaleza. Cuando Dédalo quiso imitarlas tuvo que emplear y mover unas alas capaces de sostener cuerpo tan pesado.
3. El órgano de emisión de sonidos en los animales es una arteria áspera, formada de anillos cartilaginosos con la laringe encima, a modo de llave, y por la parte inferior dotada de un fuelle que emite el aire, el pulmón. A su semejanza se construyen las flautas, gaitas y los demás instrumentos músicos neumáticos.
4. El rayo, que sale del fragor de las nubes y lanza fuego y piedras, es nitro encendido con azufre. A imitación suya se compone de nitro y azufre ese polvo ígneo que, inflamado y lanzado por las escopetas, produce parecidos truenos, relámpagos y rayos.
5. Se ha observado que el agua busca la igualdad de su superficie, aun en vasos de doble orificio separados por cualquier distancia. Se han ideado distintos acueductos por medio de tubos, de manera que el agua, desde cualquier profundidad, ascienda a la altura deseada, siempre que por el otro lado descienda otro tanto. Esto es ingenioso, pero natural. Lo que así se hace es por el arte, el porqué está en la Naturaleza.
6. Contemplaron los hombres el Firmamento y observaron que giraba continuamente y que los diversos movimientos de los astros producían al mundo una grata variedad de tiempos. Y se ideó con arreglo a tal modelo un instrumento que represente la diaria revolución del firmamento y mida las horas. Está compuesto de ruedas, no sólo para que la una lleve a la otra, sino para que el movimiento pueda continuar sin fin. Fue necesario formar este instrumento con elementos movibles e inmóviles, como sucede en el mundo. Y, en efecto; en lugar del primer elemento quieto del mundo, la tierra, se colocaron aquí inmóviles las bases, columnas y esfera; en vez de las movibles esferas del Cielo, varias ruedas. Como no fue posible ordenar a una cualquiera de las ruedas que girase y arrastrase en su movimiento a las demás (conforme el Creador dio a los astros luminosos el impulso para que se movieran ellos e hiciesen moverse a los otros), hubo que tomar de la Naturaleza la forma del movimiento, esto es, movimiento de gravedad o de libertad. O bien se aplicó al cilindro de la rueda primera un peso, que al caer, por su gravedad hacía girar la rueda y con ella las demás, o bien se construía una lámina alargada de acero que, arrollada al cilindro, hacía girar a la rueda con su propensión a extenderse y soltarse. Para que el movimiento no fuera rápido, sino lento y reposado, a semejanza del Cielo, se interponen otras ruedecillas, de las cuales la última, que sólo tiene dos dientes, suena con movimiento recíproco, acercándose y apartándose de la luz, haciendo veces de los días y las noches. En aquella parte, que debe dar exactamente la señal de la hora o de los cuartos, se disponen unos ingeniosos pestillos que se abren cuando es preciso y se cierran en caso necesario, de igual modo que la Naturaleza, mediante el movimiento de las esferas celestes, dividida en meses, trae y aleja el invierno, la primavera, el verano y el otoño.
7. De todo esto se deduce que ese orden que pretendemos que sea la idea universal del arte de aprender y enseñar todas las cosas, no debemos ni podemos tomarle de otra parte que no sea de la enseñanza de la Naturaleza. Organizado cuidadosamente, tan suave y naturalmente se desarrollará lo artificial como suave y naturalmente fluye lo natural. Sabiamente dice Cicerón: Nunca erraremos si llevamos a la Naturaleza por guía. Y en otra parte: Con la Naturaleza por maestro no se puede errar en modo alguno. Así lo esperamos también nosotros, y observando los procedimientos que sigue la Naturaleza en sus operaciones intentaremos proceder de manera semejante.
8. Pudiera oponérsenos a nuestra esperanza, con tanto empeño defendido, el aforismo de Hipócrates: ο βιος βραχμς η δε τεχνη μακρη, ο δε καιρος οζυς, η δε πειρα σφαλερη η δε κρισις χαλεπη; esto es: la vida es breve y el arte duradero; las ocasiones pasan con rapidez; la experiencia es dudosa y difícil el juicio acerca de las cosas. En lo cual reseña las cinco causas por virtud de las cuales son tan pocos los que llegan a la cumbre de la ciencia, a saber: I. La brevedad de la vida, que hace que a menudo seamos arrebatados en la misma preparación de la vida. II. La extensa y difusa multitud de cosas que se someten a la consideración de nuestro espíritu, por lo que es sumamente laborioso encerrar todas en nuestro entendimiento. III. La falta de ocasiones de aprender las buenas artes o su rápida desaparición, si alguna vez se nos presentan. (Pues los años de la juventud, que son los más a propósito para el cultivo de la inteligencia, transcurren la mayor parte de las veces en medio de diversiones; la edad siguiente, como todas las cosas de los mortales, presenta más ocasiones para vanidades que para serias ocupaciones. Y si llega a ofrecerse alguna ocasión, huye antes de que pueda ser aprovechada.) IV. El embotamiento de nuestro entendimiento y la obscuridad del juicio, que motiva muchas veces que nos detengamos en la corteza sin penetrar hasta la médula de las cosas. V. Por último, si alguno, a fuerza de larga observación y repetidos experimentos, quisiera conocer las verdaderas esencias de las cosas, hallará que es trabajoso en extremo a la vez que dudoso e incierto. (Verdaderamente es fácil que puedan escaparse muchas cosas en tan grande y sutil complicación de ellas; con un solo error que se admita, toda la observación adolece de incertidumbre.)
9. Si todo lo que acabamos de decir es exacto, ¿cómo nos atrevemos a prometer un camino tan universal, verdadero, fácil y sólido para los estudios? Respondemos: La experiencia demuestra que es exactísimo lo dicho; pero también atestigua la experiencia, con razones, que pueden hallarse remedios eficaces para los mencionados obstáculos. Éstos fueron establecidos por Dios, Sapientísimo árbitro de las cosas, para nuestro bien; luego con prudencia podrán convertirse en beneficio nuestro. Él nos otorgó, verdaderamente, un corto espacio de existencia porque ya en nuestra corrupción no sabemos emplear rectamente la vida. Pues si muriendo al nacer y pendiente el fin del principio nos entregamos, sin embargo, a las vanidades, ¿qué ocurriría si tuviéramos ante nosotros centenas o millares de años? Por eso tuvo a bien concedernos Dios el solo espacio de tiempo que estimó suficiente para que pudiéramos prepararnos a otra vida mejor. Para este fin es lo bastante larga si sabemos utilizarla.
10. Dios quiso también en beneficio nuestro que las cosas fuesen muchas, con el fin, sin duda, de que hubiese mucho que nos ocupase, ejercitase e instruyese.
11. Quiso que las ocasiones pasasen raudas, con cabellos sólo en la frente, para que, advertido esto, intentemos cogerlas por donde pueden cogerse.
12. Los experimentos inciertos, para que se requiera atención y tengamos necesidad de desentrañar las cosas con mayor esfuerzo.
13. Por último, el juicio de las cosas difícil, para que se aguce la diligencia y resolución de conocerlas. Esto con el fin de hacer, con mayor satisfacción nuestra, más patente la Sabiduría de Dios, extendida secretamente en todas las cosas. Si todo se entendiese fácilmente, dice Agustín, ni la verdad se buscaría con empeño, ni se hallaría con placer.
14. Hemos, pues, de ver cómo podrán, Dios mediante, removerse los obstáculos que la Providencia nos opuso exteriormente con el fin de estimular nuestra industria. No podrán salvarse de otro modo que:
I. Con la prolongación de la vida, para que sea suficiente al camino emprendido.
II. La abreviación de las artes, para que correspondan a la duración de la vida.
III. La sujeción de las ocasiones, para que no se escapen inútilmente.
IV. La apertura del entendimiento, para que penetren las cosas con facilidad.
V. En lugar de la observación incierta, la determinación de un fundamento inmutable que no pueda engañar.
15. Vamos, pues, a intentar inquirir, valiéndonos de la Naturaleza,
de prolongar la vida para aprender todo lo necesario. |
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los |
de abreviar las artes para aprender más de prisa. |
fundamentos… |
de aprovechar las ocasiones para aprender con certeza. |
de afinar el juicio para aprender con solidez. |
Explicaremos cada una de estas cosas en capítulos diferentes, dejando para el último lugar el referente al modo de abreviar.