Desde que empezó este proceso, y especialmente desde que tuvo lugar la Via Catalana del último 11 de septiembre, los ciudadanos de Cataluña estamos sometidos a un bombardeo de advertencias sobre los efectos desastrosos de la independencia. En resumen, la cosa sería más o menos así: si proclamamos la independencia quedaremos automáticamente fuera de la UE, no podremos volver a ingresar en ella porque para ello sería necesaria la unanimidad de todos los Estados y el Estado español nos vetará, saldremos del euro, sufriremos el boicot comercial de los consumidores españoles, nuestras empresas se arruinarán, no podremos pagar las pensiones y entraremos en fallida económica y social. Una catástrofe.
Son asuntos muy serios que merecen respuestas planteadas desde el máximo rigor y pedagogía. Yo no soy la persona más adecuada para hacerlo, porque no soy economista, ni jurista, ni máster en relaciones internacionales. Al final de esta carta te he preparado un pequeño anexo por si quieres profundizar en cualquiera de estos temas de la mano de voces expertas. Encontrarás bibliografía y numerosos enlaces a páginas y artículos de referencia.
Reconozco, por lo tanto, que no soy una voz experta, pero un poco de sentido común sí que creo tener, y procuraré enfocar alguno de estos temas desde el sentido común que, junto con la curiosidad, es el único recurso que tenemos los ciudadanos normales y corrientes para abordar las cuestiones más complejas.
Para empezar, dos cosas que me llaman poderosamente la atención.
La primera, comprobar que los mismos que nos dicen que la independencia «no se va a producir» o que la independencia «es imposible», nos alerten sobre las consecuencias de la independencia. Escuche, si la independencia es imposible y no se va a producir, ¿por qué gastan tanto tiempo y energía en advertirnos sobre sus consecuencias?
La segunda es esto del veto del Estado español a la entrada del Estado catalán en la UE y el boicot comercial a nuestros productos. Si no he entendido mal, lo que nos están diciendo es que, si proclamamos la independencia, tratarán de perjudicarnos todo lo que puedan. Caramba, sí que nos quieren. ¿Vale la pena convivir con alguien que te dice que si te vas de casa te hará la vida imposible? (Sobre el boicot comercial a los productos catalanes en el anexo te propongo una lectura muy clarificadora).
Pero, en fin, vamos al contenido de la amenaza principal, porque al fin y al cabo todas las otras cuelgan de esta: «Saldréis de la UE y no podréis volver a entrar».
Hay una discusión entre los expertos acerca de lo que dictan o no los tratados europeos sobre la eventualidad de una secesión dentro de un Estado de la UE y sobre cómo quedaría el nuevo Estado en relación con la misma UE.
Como decía antes, no me meteré en este jardín desde un punto de vista jurídico porque no sabría cómo hacerlo. De entrada, parece razonable pensar que la UE, si pudiera elegir, preferiría que no se produjera ninguna secesión dentro de sus fronteras. Líos, los mínimos posibles. También es razonable pensar que la UE no intervendrá activamente en este tema si no se convierte en algo estrictamente necesario y que, mientras, la doctrina sea la que vemos día sí y día también en los medios de comunicación: «es un asunto interno español». También parece razonable pensar que Europa, cuna de la democracia, no puede censurar un proceso político y democrático estrictamente pacífico y sustentado en amplias mayorías sociales como es la pretensión de Cataluña de celebrar una consulta, y menos aún cuando en el Reino Unido se está produciendo un proceso del mismo tipo de forma pactada entre las partes. Y, continuando en la línea de lo razonable, parece razonable que Europa, cuna de la democracia, repito, no permita que el Estado español responda de forma violenta o represiva a las aspiraciones catalanas, y llegado el momento más bien instará al Estado español para que resuelva el tema por la vía estrictamente política y del diálogo.
Así pues, ¿qué podría pasar el día que existiera un mandato democrático claro de los catalanes a favor de la independencia, ya fuera vía referéndum o vía elecciones? ¿Qué pasaría si el Parlament de Catalunya, amparándose en este mandato democrático, proclamara la independencia, así como su voluntad de negociar la secesión con el Estado español y el reconocimiento del nuevo Estado catalán por parte de la UE? Pues parece lógico pensar que ese día, ese día sí, Cataluña dejará de ser un asunto interno español y pasará a ser un asunto interno europeo.
Cuesta mucho creer que, llegados a este punto, el resultado final sea una Cataluña castigada y excluida de la UE. Básicamente porque, desde el sentido común, a ninguno de los actores implicados le interesa este escenario. Trataré de explicarme, aunque tenga que ser a través de algunas preguntas retóricas.
¿Es verosímil que alguien esté interesado en que Barcelona, la capital mundial de la telefonía móvil, quede fuera de la UE? ¿Que Barcelona, uno de los principales puertos de entrada de mercancías del Mediterráneo europeo, quede fuera de la UE? ¿Que Barcelona, la ciudad preferida del sur de Europa por los ejecutivos para hacer negocios, quede fuera de la UE? ¿Que Barcelona, la ciudad más europea de la península Ibérica, quede fuera de la UE? ¿Que Barcelona, la ciudad olímpica que deslumbró al mundo, quede fuera de la UE?
Sigo preguntando. ¿Es verosímil que alguien esté interesado en que Cataluña, una de las potencias turísticas del sur de Europa, con más de 15 millones de visitantes al año, quede fuera de la UE? ¿Que Cataluña, principal conexión ferroviaria de la península Ibérica con Europa, quede fuera de la UE? ¿Que Cataluña, un país donde operan más de 4.000 multinacionales, quede fuera de la UE?
Me disculparán los apóstoles del miedo, pero a mí, humilde ciudadano de base, me da la impresión de que, en caso de que se produzca la independencia, nadie está interesado en que Cataluña quede fuera de la UE. ¿Qué ganaría la UE dejando a Cataluña fuera? ¿Por qué la UE debería renunciar a un Estado que, por el volumen de su PIB, aportaría valores netos a las arcas de la UE? ¿Qué ganarían con ello las multinacionales que operan en nuestro país? ¿Es que alguien cree realmente que Angela Merkel, Françoise Hollande o David Cameron permitirían que sus empresas en Cataluña, con las inversiones multimillonarias realizadas y todo lo que se juegan, quedaran fuera de la UE y/o del euro?
«De acuerdo, señor Voltas, todo lo que dice parece verosímil, pero el Estado español puede ejercer su derecho a veto y aquí se acaba la discusión». Bien, no querría ofender a nadie, pero francamente creo que el Estado español es bastante más vulnerable a las presiones de Merkel que al revés. Quiero decir que para ejercer el derecho de veto no hay que tener solo la capacidad jurídica para hacerlo, sino también la capacidad política para ello. Dejando a un lado este pequeño detalle, trataré de responder de nuevo desde el sentido común con más preguntas:
Si una secesión pactada significa, por ejemplo, que la Cataluña independiente asumiría la parte proporcional que le correspondería de la deuda suscrita por el Reino de España, ¿es verosímil pensar que el Reino de España preferiría un escenario de enfrentamiento y quedarse con el 100% de la deuda? ¿Podría devolverlo? ¿Qué pasaría con su prima de riesgo? ¿Le interesa al Estado español que el territorio por donde pasan más del 70% de sus exportaciones en transporte terrestre (trenes y carretera) no forme parte del espacio europeo de libre circulación de mercancías? Los millares de empresas españolas que tienen intereses en Cataluña, ¿están interesadas en una ruptura traumática o preferirán una civilizada que permita proteger esos intereses?
En definitiva, y para terminar: si la opción A es que todos nos hagamos daño y la opción B es que acordemos la manera de que todos ganemos, ¿es verosímil pensar que los actores optarán por la opción A?
No sé si la campaña del miedo cuajará y conseguirá realmente que los indecisos se acaben inclinando por el no. En cualquier caso, es una pena y, al mismo tiempo muy sintomático, que desde el bando del no, todos los mensajes sean negativos. ¿No pueden vendernos un proyecto de país atractivo? ¿No pueden explicarnos una España nueva, reformada y acogedora para Cataluña? ¿Realmente aspiran a que nos quedemos por obligación o por miedo?
Nadie sabe cómo es realmente el proceso hacia la independencia, nadie sabe cómo se llega a ella. En cada país ha sido diferente. Las situaciones de transición son, por definición, poco previsibles. ¿Celebraremos, finalmente, un referéndum? ¿Tendremos que sustituirlo por unas elecciones plebiscitarias? ¿Cómo reaccionará el Estado español ante una eventual proclamación de independencia? ¿Suspenderán nuestra autonomía? ¿Querrán encarcelar a nuestros diputados? Y Europa, ¿cómo y cuándo actuará? ¿Estaremos dispuestos a una desobediencia civil? ¿Será necesario? ¿Será muy convulso y tenso, o acabará siendo mucho más tranquilo de lo que nos creemos?
Nadie tiene respuestas seguras a estas preguntas. Esto es una partida a dos bandas, o incluso a tres bandas (Europa), y los demás jugadores también cuentan. ¿No es cierto que en una partida de ajedrez es imposible anticipar todos los movimientos que harás porque los del contrario te condicionan? Pues en este proceso sucede lo mismo. Habrá movimientos calculados y otros improvisados por las dos partes. Pero estoy convencido de que solo un tipo de movimientos puede conducir la causa de la independencia hacia el éxito final: aquellos que sean estrictamente pacíficos y democráticos, que estén basados en mayorías amplias de nuestra sociedad, y que sean formulados de forma positiva y constructiva.