—Creo que estás preparada.
Tally se detuvo poco a poco: el pie derecho abajo, el pie izquierdo arriba, las rodillas dobladas.
—¿Preparada para qué?
Shay pasó despacio junto a ella, dejándose arrastrar por la brisa. Se hallaban en el punto más alto y lejano que podía alcanzarse con las aerotablas, justo por encima de las copas de los árboles, en un extremo de la ciudad. Era asombroso lo deprisa que Tally se había acostumbrado a estar en las alturas, mediando entre ella y una posible caída tan solo una tabla y unas pulseras.
La vista desde allí arriba era fantástica. A sus espaldas, las agujas de Nueva Belleza se alzaban desde el centro de la ciudad, y a su alrededor se extendía el cinturón verde, un área de bosque que separaba a los perfectos medianos y mayores de los jóvenes. Generaciones mayores de perfectos vivían en los suburbios, ocultos tras las colinas, en hileras de grandes casas separadas por jardines privados para que jugasen sus pequeños.
Shay sonrió.
—¿Preparada para un paseo nocturno?
—No sé si me apetece cruzar el río otra vez —dijo Tally, que recordó de pronto la promesa que le había hecho a Peris. Shay y ella habían aprendido muchas cosas la una de la otra en las últimas tres semanas, pero no habían regresado a Nueva Belleza desde la noche que se conocieron—. Hasta la conversión, claro. Después de la última vez, seguramente todos los guardas están…
—No hablaba de Nueva Belleza —la interrumpió Shay—. Además, ese lugar es un aburrimiento. Tendríamos que andar a escondidas toda la noche.
—Ya entiendo, dar una vuelta por Feópolis con la tabla.
Shay negó con la cabeza, sin dejar de alejarse despacio llevada por la brisa. Incómoda, Tally se removió sobre la tabla.
—¿Por dónde si no?
Shay se metió las manos en los bolsillos y abrió los brazos, convirtiendo la cazadora del equipo de su residencia en una vela. La brisa la alejó aún más de Tally. Siguiendo un acto reflejo, Tally inclinó los dedos de los pies hacia delante para evitar que su tabla se quedase atrás.
—Bueno, está aquello.
Shay señaló con la cabeza hacia la tierra que se abría ante ellas.
—¿La periferia? Ese sitio es un aburrimiento.
—No me refiero al extrarradio, sino a lo que hay más allá.
Shay deslizó los pies en direcciones opuestas, hasta los bordes de la tabla. Su falda captó el fresco viento del atardecer, que la arrastró aún más deprisa. Se dirigía hacia el límite del cinturón verde. Zona prohibida.
Tally afianzó los pies y bajó la tabla hasta situarse junto a su amiga.
—¿Qué quieres decir? ¿Fuera de la ciudad?
—Sí.
—¡Qué locura! Allí no hay nada.
—Allí hay muchas cosas. Árboles de verdad centenarios. Montañas. Y ruinas. ¿Has estado alguna vez allí?
Tally parpadeó.
—Por supuesto.
—No me refiero a una excursión con la escuela, Tally. ¿Has estado alguna vez allí de noche?
Tally detuvo su tabla de golpe. Las Ruinas Oxidadas eran los restos de una vieja ciudad, un mastodóntico testimonio de los tiempos en que había demasiada gente y todo el mundo era increíblemente estúpido. E imperfecto.
—¡Ni hablar! No me digas que tú sí.
Shay asintió.
Tally se quedó boquiabierta.
—Eso es imposible.
—¿Crees que eres la única que se sabe buenos trucos?
—Bueno, puede que te crea —dijo Tally. Shay tenía aquella expresión que Tally había aprendido a temer—. Pero ¿y si nos pillan?
Shay se echó a reír.
—Tally, tú lo has dicho. Allí no hay nada. Nada ni nadie para pillarnos.
—¿Funcionan allí las aerotablas? ¿Funciona algo?
—Las especiales sí, si sabes cómo trucarlas y dónde usarlas. Y cruzar el extrarradio es fácil. Hay que seguir el río hasta el final. Siguiendo corriente arriba las aguas están demasiado embravecidas para los barcos.
Tally volvió a quedarse boquiabierta.
—Entonces… es cierto que lo has hecho antes.
Una ráfaga de viento hinchó la cazadora de Shay, que se alejó aún más sin dejar de sonreír. Tally tuvo que inclinarse para poner de nuevo la tabla en movimiento a fin de poder seguir hablando con su amiga. Se rozó los tobillos con la copa de un árbol mientras el suelo bajo sus pies empezaba a alzarse.
—¡Será muy divertido! —gritó Shay.
—Es demasiado arriesgado.
—Venga. Desde que nos conocimos tengo ganas de enseñártelo. Desde que me dijiste que arruinaste una fiesta de perfectos… ¡y activaste una alarma de incendios!
Tally tragó saliva, lamentando no haberle contado antes la verdad sobre aquella noche, que no sabía cómo había ocurrido. Ahora Shay creía que era la chica más temeraria del mundo.
—Bueno, lo cierto es que lo de la alarma puede decirse que fue en parte un accidente.
—Sí, claro.
—Creo que deberíamos esperar. Ya solo faltan un par de meses.
—Ah, muy bien —dijo Shay—. Dentro de un par de meses nos pondrán en el río. Qué aburrido.
Tally soltó un soplido.
—Yo no diría precisamente aburrido, Shay.
—Hacer lo que tienes que hacer es siempre aburrido. No puedo imaginar nada peor que tener que divertirse por obligación.
—Yo sí —dijo Tally en voz baja—: no divertirse nunca.
—Escucha, Tally, estos dos meses son nuestra última oportunidad para hacer algo que realmente se salga de la norma. Para ser nosotras mismas. Después de la conversión, vendrá lo de nuevas perfectas, perfectas medianas y perfectas mayores. —Shay dejó caer los brazos, y su tabla se paró—. Y luego perfectas muertas.
—Mejor que imperfectas muertas —dijo Tally.
Shay se encogió de hombros y volvió a abrir su cazadora para convertirla en una vela. Ya no estaban lejos del límite del cinturón verde. Shay recibiría pronto un aviso. Luego su tabla la delataría.
—Además —argumentó Tally—, que nos operemos no significa que no podamos hacer estas cosas.
—Pero los perfectos nunca las hacen, Tally. Nunca.
Tally suspiró, inclinando de nuevo los pies para seguir a su amiga.
—Puede que sea porque tienen mejores cosas que hacer que ir por ahí haciendo chiquilladas. Puede que estar de fiesta en la ciudad sea mejor que andar entre viejas ruinas.
Los ojos de Shay centellearon.
—O puede que cuando practican la operación, cuando te liman y estiran los huesos para darles la forma adecuada, te pelan la cara y te frotan la piel hasta quitártela toda, y te ponen pómulos de plástico para que parezcas igual que todo el mundo… puede que después de pasar por todo eso ya no seas muy interesante.
Tally dio un respingo. Nunca había oído describir la operación de aquella forma. Ni siquiera en clase de biología, donde entraban en detalles, sonaba tan mal.
—Vamos, ni siquiera nos daremos cuenta. Tienes sueños bonitos mientras dura.
—Sí, claro.
Una voz surgió en la mente de Tally. «Aviso, zona de acceso restringido». El viento se estaba enfriando al ponerse el sol.
—Vamos, Shay, regresemos abajo. Es casi la hora de la cena.
Shay sonrió, negó con la cabeza y se quitó el anillo de comunicación. Ahora no oiría los avisos.
—Vamos a ir esta noche. Ya casi dominas la tabla tanto como yo.
—Shay.
—Ven conmigo. Te enseñaré una montaña rusa.
—¿Qué es una…?
«Segundo aviso. Zona de acceso restringido.»
Tally detuvo su tabla.
—Si continúas, Shay, te pillarán y no haremos nada esta noche.
Shay se encogió de hombros mientras el viento la arrastraba aún más lejos.
—Solamente quiero mostrarte lo que yo entiendo por diversión, Tally. Antes de que nos volvamos perfectas y solo podamos divertirnos como quieren los demás.
Tally negó con la cabeza, queriendo decir con ello que Shay ya le había enseñado a ir en aerotabla, lo mejor que había aprendido hasta entonces. En menos de un mes había llegado a considerarla su mejor amiga. Casi era como cuando conoció a Peris de pequeña y ambos supieron al instante que siempre estarían juntos.
—Shay…
—Por favor.
Tally suspiró.
—De acuerdo.
Shay dejó caer los brazos y bajó los dedos de los pies para detener la tabla.
—¿De verdad? ¿Esta noche?
—Claro. Vamos a las Ruinas Oxidadas.
Tally intentó relajarse. En realidad no era para tanto. Ella incumplía las normas constantemente, y todo el mundo iba a las ruinas una vez al año de excursión con la escuela. No podía ser peligroso ni nada por el estilo.
Shay regresó a toda velocidad desde el extremo del cinturón y en un instante se situó junto a Tally para apoyar un brazo en su hombro.
—Espera a ver el río.
—¿Has dicho que tiene rápidos?
—Sí.
—¿Y eso qué es?
Shay sonrió.
—Es agua. Pero mucho, mucho mejor.