Para saber los motivos de la detención de Paolo Gabriele, romano de cuarenta y dos años, casado, con tres hijos y uno de los hombres más cercanos al Sumo Pontífice, habría que remontarse al miércoles 25 de enero de 2012. Esa noche, el canal privado de televisión La7 emitía en el programa Los Intocables, dirigido por el periodista Gianluigi Nuzzi, un especial sobre el «Wikileaks del Vaticano». El periodista mostraba a la audiencia la carta enviada por monseñor Carlo Maria Viganò al papa, en la que denunciaba «la corrupción y mala gestión» en la Gobernación del Estado Vaticano[16].
Rápidamente, la maquinaria vaticana se puso en movimiento para contrarrestar el golpe dado a la imagen de la Santa Sede por el canal de televisión. El padre Federico Lombardi expresó en un comunicado su «amargura por la difusión de documentos reservados», advirtiendo a los dirigentes de La7 sobre posibles acciones legales por parte del Estado Vaticano.
Los Servicios de Información de la Gendarmería vaticana se pusieron en marcha de inmediato, así como los Servicios de Inteligencia de la Santa Sede. Todos los agentes tenían la misma orden: descubrir al topo que estaba filtrando los documentos reservados. El padre Federico Lombardi denunció públicamente la existencia de un Wikileaks en el corazón de la Santa Sede con el fin de desacreditar a la Iglesia, ya que las filtraciones de documentos «reservados» vaticanos a los medios italianos mostraban claramente duros enfrentamientos entre los departamentos de la curia, luchas de poder entre «bertonianos» y «diplomáticos» en el seno de la Secretaría de Estado, corrupción en el IOR, malgasto y despilfarro en secciones de la Gobernación, intentos de asesinar al papa, etc. Sin embargo, pese a todos los comentarios, editoriales y titulares de los principales medios de comunicación sobre los documentos filtrados, Benedicto XVI salió en defensa de su número dos, el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone. Los documentos mostrados en el programa de Nuzzi intentaban presentar a Bertone y a su aliado, el cardenal Giuseppe Bertello, todopoderoso jefe de Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, como enemigos acérrimos de la nueva línea ordenada por Benedicto XVI de cooperación financiera con las autoridades monetarias internacionales, con el objetivo de que el Vaticano entrase en la llamada «lista blanca» del Consejo de Europa, en la que están incluidos todos aquellos estados que combaten el blanqueo de capitales, la evasión fiscal y la financiación del terrorismo.
Pese a todo, las filtraciones continuaron, y el martes 24 de abril de 2012, el Sumo Pontífice ordenó la creación de una Comisión Cardenalicia de Investigación, presidida por el cardenal español Julián Herranz, un hombre del Opus Dei. La primera reunión del comité se celebró el viernes 27 de abril, y en ella se estableció el calendario de trabajo y el método operativo para descubrir a los culpables de las filtraciones. El martes 1 de mayo se celebró una reunión entre altos cargos de la AISI (Agencia de Información y Seguridad Interna), los Servicios de Inteligencia italianos y una representación de la Entidad, el Servicio Secreto vaticano, y la Gendarmería. En el encuentro, los italianos informaron a sus homólogos vaticanos que la filtración procedía del entorno «muy muy cercano al Sumo Pontífice».
El 19 de mayo salió a la venta el libro de Gianluigi Nuzzi titulado Sua Santitá. Le Carte segrete di Benedetto XVI, que a los pocos días ya encabezaba las listas de ventas italianas. En el libro, de trescientas veintiséis páginas, Nuzzi hace un repaso a los documentos filtrados, pero publica un anexo con solo veintitrés documentos. El miércoles 23 de mayo, por la tarde, efectivos de la Gendarmería vaticana detuvieron a Paolo Gabriele, mayordomo del papa, como autor de las filtraciones de documentos a la prensa. En el registro, los gendarmes descubrieron cajas repletas de documentos «confidenciales» y todo lo necesario para escanearlos y digitalizarlos. En solo dos días, el 23 y el 24 de mayo, dos de los colaboradores más cercanos del papa, su mayordomo y su banquero, fueron expulsados del «sagrado círculo» papal. El primero, Paolo Gabriele, acusado de ser un traidor, un topo y un cuervo; el segundo, Ettore Gotti Tedeschi, de dejación de sus funciones y de haber perdido la razón.