25 DE AGOSTO. TOROS

Siento muchísimo tener que decirlo, pero el mejor libro que conozco sobre tauromaquia es el del escritor americano Ernest Hemingway. Editado por Scribner’s Sons, de Nueva York y Londres. El libro de Hemingway, titulado Death in the afternoon, como si dijéramos Muerte después de comer, es una delicia de naturalidad y de conocimientos. Consta de tres partes: unos capítulos sobre la fiesta de las corridas de toros, un complemento fotográfico de primer orden y un diccionario de palabras relacionadas con la tauromaquia, de un gran interés. El escritor americano conoce sus clásicos: conoce el libro de José Delgado, Pepe-Hillo; el de Francisco Montes y el de Rafael Guerra, Guerrita. Dice que Delgado y Guerra escribieron realmente sus libros, y que el de Montes es un producto del arte de oscuros escribas. Es auténtico.

Voy muy poco a las corridas de toros —nada—. Es un espectáculo que no me gusta, porque me descubre de forma demasiado brutal el fondo psicológico que llevo dentro. Y he constatado que lo mismo que me ocurre a mí le ocurre a mucha gente. El público de las corridas de toros es, en general, muy fachenda, o, como mínimo, le aumenta la fachendería. Los dos primeros toros me dan miedo: la bestia, magnífica, los caballos, los hombres, me producen un verdadero dolor físico. La sangre me apena. Si cogen a un hombre, tengo que volver la vista. Luego la sensibilidad se me va volviendo cada vez más espesa, hasta desaparecer por completo. Los gritos de la multitud, el murmullo de la gente, contribuyen a endurecerme. Al fin, siento que vería morir a un amigo en la plaza y que su muerte me dejaría frío, y que no movería nervio alguno ni fibra alguna. Ahora bien, esta reserva de insensibilidad y de crueldad que siento en mi interior me asusta y me horroriza. Creo, además, que la dureza del pueblo castellano —Keyserling ha observado que es un pueblo que no ha pedido nunca clemencia ni ha dado nunca— se conserva y se cultiva en gran parte gracias a la fiesta nacional.

Hemingway no entra en estas —vamos a llamarlas así— profundidades. Su libro, naturalísimo, lleno de agudeza, recoge principalmente el enorme pintoresquismo de las corridas de toros. Los toreros, en la plaza, suelen estar muy pálidos, tienen en la cara un color amarillo ácido y la fisonomía contrahecha. Es esto lo que recoge el escritor americano: estos ácidos y estas muecas trágicas.

Éstas son, tomadas del diccionario tauromáquico de Hemingway, algunas de las principales palabras empleadas en las corridas de toros:

¡QUÉ LÁSTIMA!: what a shame. Expression uttered when you have heard that a friend has been badly gored, or has contracted a venereal disease, or has married a whore, or has contracted a whore, or has had something happen to his wife or children, or when a good bull comes out for a poor bullfighter or a poor bull comes out for a good bullfighter.

PUTA: a whore, harlot, jade, broad, chippy, tast or prostitute; HIJO DE PUTA: son of any of the above, common insult shouted at bullfighter equivalent to our son of a bitch. In Spanish they insult most fully when speaking or wishing ill of the parents rather of the person directly.

URETRITIS: gonorrhea; common ailment in the peninsula. Refering to this there is a Spanish proverb.

MÁS CORNADAS DAN LAS MUJERES: the women gore more often than the bulls.

MALETA: literally valise; is slang for a bad or cheap bullfighter.

¡HOMBRE!: man, as an ejaculation expresses surprise, pleasure, shock, disapproval or delight, according to tone used. MUY HOMBRE: very much a man, plentifully supplied with HUEVOS, COJONES, etc.

HUEVOS: eggs, slang for testicles as we say balls.

DOCTORADO: slang for alternative; taking the doctor’s degree in Tauromachia.

COJONES: testicles; a valorous bullfighter is said to be plentifully equiped with these. In a cowardy bullfighter they are said to be absent. Those of the bull are called CRIADILLAS and prepared in any of the ways sweetbreads are usually cooked they are a great delicacy. During the killing of the fifth bull the CRIADILLAS of the first bull were sometimes served in the royalbox. Primo de Rivera was so fond of interlarding his discourse with reference to manly virtues that he was said to have eaten so many CRIADILLAS that they had gone to his brain.

Tras la corrida —o, simplemente, a la hora del aperitivo—, el madrileño come marisco y bebe cerveza: come el percebe, el langostino, las cigalas, el cangrejo de río, las gambas y la mojama. Todo esto lo come relativamente fresco —más fresco que en Barcelona—, y ello se debe a las excelentes comunicaciones de Madrid con el norte de España. En Barcelona, el pescado del norte acostumbra a llegar a pie y a estar frigorificado. Me refiero al pescado de piso. En Barcelona hay dos o tres restaurantes de pescado muy respetables.

La mojama es el bacalao azul y antipático. Sobre las cigalas, de color rosa y blancas, suele afirmarse que tienen mil gustos y deben romperse con un cascanueces. Las gambas se suelen comer con los dedos. El cangrejo de río es excelente, sobre todo cuando se sabe cocinar con unos granos de pimienta enteros puestos en la cola del crustáceo. El percebe es un marisco atlántico de invierno —en Madrid sólo se come de octubre a marzo—. El langostín es mediterráneo y le gusta mucho a la gente… Todos estos extraños animalitos serían magníficos si no dejaran tanto rastro. Lo cierto es que dejan muchos residuos debajo de las mesas de los cafés, residuos que suelen —relativamente— eternizarse. Después de cenar, pisar la cola de un langostín o de una gamba le pone a uno la piel de gallina y es un acto de una tristeza irreparable. En los bares de Andalucía, estas reminiscencias quizá sean aún más visibles.

Me cuesta un poco comprender la pasión de la gente por el marisco —que yo difícilmente comparto—. Yo encuentro que la carne del marisco tiende a parecerse, por la forma y por el gusto, al fango del mar, a tener una pastosidad más bien enfangada y carente de estilo. Pero, en estas cosas, lo que manda es el gusto de la gente. En Madrid la cerveza es bastante fina, aunque, al decir de los expertos, no tiene comparación posible con la alemana y la checoslovaca, que está considerada como la más excelsa. En Francia y en Italia, la cerveza es agria y horrible. Las fábricas de cerveza de Madrid, según parece, tienen un origen y una gran influencia teutónica.

La cerveza a presión se sirve en forma de cañitas, cañas, tercios y medias. Da la impresión de que estas palabras tienen reminiscencias taurinas y forman parte del léxico de la tauromaquia. Pero también podría ser que estas reminiscencias no existieran.

La manzanilla pierde peso —mucho más que en Andalucía—. Este líquido horrible y endemoniado tal vez pida otro clima y otra manera de vivir.