AGRADECIMIENTOS

QUISIERA dar las gracias a todas las personas que me han ayudado a escribir este libro. De muchas de ellas ni siquiera sé su nombre, y otras muchas ni siquiera saben que me han ayudado. Sin embargo, hay unas cuantas a las que sí me alegra infinitamente poder agradecerles su contribución. David Ludwig, médico, leyó el manuscrito y me hizo llegar muchas sugerencias; también detectó varios errores, aunque de ninguna forma es responsable de los que puedan haberse colado. Ha sido para mí un profesor inestimable en cuestiones de nutrición. Igual que Daphne Miller, médico también, que ha aportado varias reglas memorables extraídas de su práctica médica y su enorme trabajo de campo sobre dietas tradicionales de todo el mundo. También he aprendido muchísimo sobre dieta y salud gracias a mis conversaciones con Marion Nestle, Walter Willett y Joan Gussow, aunque estoy seguro de que todos ellos encontrarán en estas páginas cosas con las que no estarán de acuerdo. Le debo un agradecimiento especial a Tara Parker-Pope, del New York Times, por dejarme solicitar reglas a través de su blog, y también a sus lectores, que con su abrumadora respuesta enriquecieron increíblemente este proyecto. Mi viejo amigo y colega Michael Schwarz leyó el manuscrito y lo mejoró con sus correcciones; gracias, Michael, una vez más. Y gracias también a Amanda Urban y su fantástico equipo de ICM, y al maravilloso personal de Penguin, pero sobre todo a Ann Godoff, Lindsay Whalen, Holly Watson y Rachel Burd. Por la alta calidad de sus investigaciones y sus correcciones, estoy en deuda con Malia Wollan. Adrienne Davich también contribuyó con estudios muy valiosos y comprobaciones de datos. Por último, mi agradecimiento de todo corazón para Judith e Isaac, los mejores compañeros de cena que nadie pueda desear: vuestras ideas y palabras (y qué decir de vuestra cocina) siempre me alimentan, y sobre todo han alimentado este libro.