Mi cumpleaños es el 10 de octubre. Me gusta la fecha de mi cumpleaños: 10/10. Habría sido genial si hubiese nacido a las 10.10 de la mañana o de la noche, pero no. Nací justo después de las doce de la noche. Aun así, me mola la fecha de mi cumpleaños.
Normalmente lo celebro en casa, pero este año le pregunté a mamá si podía celebrarlo en la bolera. A mamá le sorprendió, pero se alegró. Me preguntó a quién quería invitar de mi clase, y dije que a todos los de mi aula de tutoría y a Summer.
—Esos son muchos niños, Auggie —dijo mamá.
—Tengo que invitarlos a todos porque no quiero que nadie se sienta ofendido al saber que he invitado a unos y a ellos no, ¿vale?
—Vale —asintió mamá—. ¿También quieres invitar al chico que te dijo eso de «¿Qué le pasa a tu cara?»?
—Sí, puedes invitar a Julian —contesté—. Oye, mamá, ya podrías olvidarte de aquello.
—Es verdad, tienes razón.
Un par de semanas después le pregunté a mamá quién iba a ir a la fiesta.
—Jack Will, Summer, Reid Kingsley y los dos Max. Y un par de personas dijeron que intentarían pasar.
—¿Quiénes?
—La madre de Charlotte dijo que Charlotte tenía un recital de danza un poco antes, pero que intentaría ir a la fiesta si le daba tiempo. Y la madre de Tristan dijo que a lo mejor Tristan iría después del partido de fútbol.
—¿Ya está? —pregunté—. Son unas… cinco personas.
—Son más de cinco personas, Auggie. Creo que mucha gente ya tenía planes —contestó mamá.
Estábamos en la cocina. Ella estaba cortando en trocitos diminutos una de las manzanas que acabábamos de comprar en la frutería para que pudiese comérmela.
—¿Qué clase de planes? —pregunté.
—No lo sé, Auggie. Enviamos las invitaciones tarde.
—¿Qué te dijeron? ¿Qué razones te dieron?
—Cada uno tenía sus razones, Auggie —dijo con impaciencia—. De verdad, cielo, no deberían importarte sus razones. La gente ya tenía planes, nada más.
—¿Qué excusa puso Julian? —pregunté.
—¿Sabes?, su madre fue la única que no contestó —dijo, y me miró—. De casta le viene al galgo ser rabilargo.
Me eché a reír porque pensé que estaba contando un chiste, pero enseguida vi que no.
—¿Y eso qué significa? —pregunté.
—Déjalo. Ve a lavarte las manos para comer.
Mi fiesta de cumpleaños acabó siendo mucho más reducida de lo que había pensado, pero aun así estuvo genial. Del colegio fueron Jack, Summer, Reid, Tristan y los dos Max, y Christopher también… desde Bridgeport con sus padres. Y el tío Ben. Y la tía Kate y el tío Po llegaron en coche desde Boston, aunque la abuelita y el abuelito estaban en Florida pasando el invierno. Fue muy divertido, porque todos los adultos acabaron jugando a los bolos en la pista que había junto a la nuestra, así que parecía que había asistido un montón de gente para celebrar mi cumpleaños.