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LA tendencia a la unificación ha producido cambios en las relaciones de propiedad también por otras razones.

El papel creciente, e inclusive decisivo, de los órganos del gobierno en la economía, y en gran parte también en la propiedad es, asimismo, una expresión de la tendencia a la unificación mundial. Es cierto que se manifiesta de diferentes modos en los diversos sistemas y países, y hasta como un obstáculo en los lugares donde, como en los países comunistas, la propiedad estatal misma oculta el monopolio y el dominio total de una nueva clase.

En Gran Bretaña la propiedad privada, o, más exactamente, monopolista, ha perdido ya legalmente su santidad y pureza mediante la nacionalización laborista. Más del veinte por ciento de la fuerza productora británica ha sido nacionalizada. En los países escandinavos se desarrolla, además de la propiedad del Estado, un tipo cooperativo de propiedad colectiva.

El creciente papel del gobierno en la economía es especialmente característico de los países que hasta hace poco tiempo eran colonias o semidependientes, ya tengan un gobierno socialista (Birmania), una democracia parlamentaria (India) o una dictadura militar (Egipto). El gobierno hace la mayoría de las inversiones, maneja las exportaciones, se queda con una gran parte de los fondos de exportación, etcétera. El gobierno aparece en todas partes como un iniciador de la transformación económica y la nacionalización es la forma de propiedad que se da con más frecuencia.

La situación no es distinta en los Estados Unidos, el país donde se ha desarrollado más el capitalismo. No sólo pueden ver todos el papel cada vez más importante que desempeña el gobierno en la economía desde la gran crisis (1929) hasta el presente, sino que son muy pocas las personas que niegan que ese papel es inevitable.

James Blaine Walker lo destaca en The Epic of American Industry:[6] “La creciente intimidad entre el gobierno y la vida económica ha sido una de las características más notables del siglo XX”.

Walker dice que en 1938 estaba socializado alrededor del 20 por ciento de la renta nacional, en tanto que en 1940 la cifra subió a por lo menos el 25 por ciento. La planificación sistemática de la economía nacional por el gobierno comenzó con Roosevelt. Al mismo tiempo han aumentado el número de los trabajadores del Estado y las funciones de éste, sobre todo las del gobierno federal.

Johnson y Kross, en The Origins and Development of the American Economy[7], llegan a las mismas conclusiones. Afirman que la administración ha sido separada de la propiedad y que el papel del gobierno como acreedor se ha hecho mucho más importante. “Una de las principales características del siglo XX —dicen— es el aumento constante de la influencia del gobierno, sobre todo del gobierno federal, en los asuntos económicos”.

En su obra The American Way[8], Shepard B. Clough cita cifras que ilustran esas afirmaciones. Los gastos y las deudas públicas del gobierno federal, según él, han ido aumentando del siguiente modo:

Año Gastos del gobierno federal (en millones de dólares) Deudas públicas (Federales) (en miles de dólares): 1870 309,6 / 2.436.453 - 1940 8998,1 / 42.967.531 - 1950 40.166,8 / 256.708.000

En esta obra habla Clough de la “revolución administrativa”, como llama él a la aparición de administradores profesionales sin los cuales ya no pueden actuar los propietarios. Su número, papel y solidaridad crecen continuamente en los Estados Unidos y en ese país no surgen ya hombres de gran genio comercial como John D. Rockefeller, John Wanamaker, Charles Schwab y otros.

Fainsod y Gordon, en Government and the American Economy[9], observan que el gobierno ha desempeñado ya un papel en la economía y diversos grupos sociales han tratado de utilizar ese papel en la vida económica. Sin embargo, ahora hay diferencias esenciales. Dicen que el papel regulador del gobierno ha aparecido no sólo en la esfera del trabajo, sino también en la de la producción, en ramas de la economía tan importantes para la nación como los transportes, el gas natural, el carbón y el petróleo. “Cambios recientes y de gran alcance eran también evidentes en la forma de una expansión de la empresa pública y de un interés mayor por la conservación de los recursos naturales y humanos. La empresa pública adquirió una importancia particular en el campo de la banca y el crédito, en la electricidad y en la provisión de viviendas baratas”. Comentan que el gobierno ha comenzado a desempeñar un papel mucho más importante que el que desempeñaba hace medio siglo, e inclusive hace diez años. “El resultado de esos acontecimientos ha sido la creación de una ‘economía mixta’’, una economía en la que existen juntas la empresa pública, la empresa privada dirigida en parte por el gobierno y la empresa privada relativamente no dirigida”.

Estos y otros autores citan diversos aspectos de ese proceso y del crecimiento de las necesidades que siente la sociedad de ayuda social, educación y otros beneficios semejantes, que proporcionan los órganos del gobierno; así como el continuo aumento, tanto relativo como absoluto, en el número de personas empleadas por el gobierno.

Se comprende que este proceso recibiera un gran impulso y se intensificara durante la segunda guerra mundial a causa de las necesidades militares. Sin embargo, después de la guerra no se apaciguó, sino que continuó a un ritmo más rápido que en el período de la preguerra. Eso no se debía únicamente a que estuviera en el poder el Partido Demócrata. El gobierno republicano de Eisenhower, elegido en 1952 con el lema de la vuelta a la iniciativa privada, no pudo cambiar esencialmente nada. Lo mismo le sucedió al gobierno conservador en Gran Bretaña: no consiguió llevar a cabo la desnacionalización salvo en la industria del acero. Su papel en la economía, en comparación con el del gobierno laborista, no ha disminuido esencialmente, aunque tampoco ha aumentado.

La intervención del gobierno en la economía es evidentemente el resultado de tendencias objetivas que penetraron en la conciencia del pueblo desde hace mucho tiempo. Todos los economistas serios, comenzando con Keynes, han defendido la intervención del Estado en la economía. Ahora esto se halla más o menos de actualidad en todo el mundo. La intervención del Estado y la propiedad estatal son al presente un factor esencial y en algunos lugares determinante de la economía.

De esto casi se podría sacar la conclusión de que no existe diferencia ni una fuente de conflicto en el hecho de que en el sistema oriental el Estado desempeña el papel principal, en tanto que en el sistema occidental la que desempeña el papel principal es la propiedad privada, o la propiedad de los monopolios y compañías. Esa conclusión parece tanto más justificada por cuanto el papel de la propiedad privada está disminuyendo poco a poco en el Occidente, en tanto que crece el papel del Estado.

No es ese el caso, sin embargo. Aparte de las otras diferencias entre los sistemas, hay una esencial en la propiedad estatal y en el papel del Estado en la economía. Aunque la propiedad estatal existe técnicamente en cierta medida en ambos sistemas, se trata de tipos de propiedad diferentes e inclusive contradictorios. Esto se aplica también al papel del Estado en la economía.

Ni un solo gobierno occidental actúa como propietario con relación a la economía. En realidad, un gobierno occidental no es el dueño de la propiedad nacionalizada ni el de los fondos que recauda mediante los impuestos. No puede ser el dueño porque está sujeto al cambio. Tiene que administrar y distribuir esa propiedad bajo la fiscalización del parlamento. En el curso de la distribución de la propiedad está sometido a diversas influencias, pero no es el dueño. Lo único que hace es administrar y distribuir, bien o mal, una propiedad que no le pertenece.

Eso no sucede en los países comunistas. En ellos el gobierno administra y distribuye la propiedad nacional. La nueva clase, o su órgano ejecutivo, la oligarquía del partido, actúa como dueña y es la dueña. El gobierno más reaccionario y burgués ni sueña con semejante monopolio de la economía.

Las semejanzas superficiales en la propiedad en el Occidente y el Oriente son en realidad diferencias reales y profundas, e inclusive elementos antagónicos.