Capítulo doce

Caminamos hasta la hoguera. Había decidido no explicarle a Sawyer el incidente de la semana anterior con Ryan. Ya había pasado y tampoco había sido tan malo. Claro que sentir las manos de Ryan fue repugnante, pero acabé la noche jugando al billar con Beau. El recuerdo de su sonrisa al otro lado de la mesa mientras me preparaba para tirar hizo que me doliese el corazón. Le echaba tanto de menos.

Mientras nos abríamos paso por el claro, varias personas nos detuvieron para dar la bienvenida a Sawyer. Todo el mundo quería hablar de fútbol. Sonreí y fingí esperar pacientemente mientras escudriñaba la multitud en busca de Beau. No le había visto desde que salí de su caravana sin despedirme. Cada noche desde ese día, me había tumbado en la cama abrazada al teléfono, deseando que me llamara o que al menos enviase un mensaje. Pero no lo había hecho. La posibilidad de que las cosas volvieran a ser como antes me aterrorizaba. No podía estar con él como habría deseado, pero no quería perderlo del todo. La rabia que sentía por cómo me había tratado se había ido apagando. Ahora sólo deseaba verle. Hablar con él. Ver su sonrisa.

—Vamos, Beau y Nicole están ahí —dijo Sawyer mientras me pasaba la mano por la espalda y me guiaba hasta el pequeño grupo de jugadores y sus novias. El grupo estaba sentado en las plataformas traseras de unas camionetas y sobre unas viejas ruedas de tractor que habían colocado allí hacía años. Una pequeña hoguera crepitaba en medio del grupo, iluminando sus rostros con suavidad.

—Sawyer. El hombre ha vuelto —dijo Ethan Payne con una sonrisa desde la parte trasera de una camioneta. Brooke Milery se arrimó a él y movió los dedos a modo de saludo, mostrando sus uñas pintadas de un rosa brillante. Habían roto la primavera pasada, pero por lo que parecía volvían a estar juntos o iban por el camino. Brooke tenía las piernas sobre su regazo y su mano descansaba cómodamente entre los muslos del chico.

—Ven a charlar. Explícanos cómo nos llevarás al campeonato —dijo Toby Horn, del que sabía que jugaba en la banda porque había interceptado un pase en el campeonato estatal del año pasado; corrió con el balón saltando sobre dos placajes antes de marcar el touchdown de la victoria. Después del partido, su estatus había subido. Eso explicaba por qué la jefa de animadoras, Kayla Jenkins, estaba sentada en su falda. El año pasado había estado empeñada en ganarse las atenciones de Beau. Parecía que había pasado página.

—El que consiguió la victoria en el último partido del campeonato no fui yo —le recordó Sawyer mientras se apoyaba en una camioneta y tiraba de mí para que me arrimase a él.

—Creo que tienes razón. Tendremos que asegurarnos de que el entrenador le dé un poco de protagonismo a Toby —añadió Ethan.

—Estoy de acuerdo —respondió Sawyer.

Siguieron hablando de fútbol, pero me sentía incapaz de prestar atención. Beau estaba justo enfrente. Requería toda mi fuerza de voluntad no mirarle. Sonreí e intenté no parecer tensa, aunque me sentía incómoda con los brazos de Sawyer envolviéndome la cintura. Sawyer se inclinó y me besó la sien mientras charlaba. Decían algo sobre aumentar las horas de entrenamiento. Pero toda mi concentración se centraba en Beau.

—Tierra a Ashton. —La voz de Kayla interrumpió mis pensamientos. Levanté la cabeza de golpe y la miré directamente. Parecía estar esperando una respuesta.

—Mmm, no te he oído, lo siento —dije yo, notando que el rubor me subía por el cuello. Sonrió y retorció un largo mechón de su cabello pelirrojo en el dedo.

—Preguntaba si quieres ser una de las chicas del espíritu de este año. Quizá nuestro quarterback acepte tener una si puede escogerte a ti.

Las chicas del espíritu eran muchachas reclutadas por las animadoras para que cada jugador tuviese una chica dedicada exclusivamente a él durante los días de partido. Extraoficialmente, las chicas del espíritu también ayudaban a sus jugadores con los deberes y encargaban pizza para la comida en el instituto, además de otras tareas como masajes en la espalda y otras actividades más íntimas. Los mejores jugadores escogían a la chica que querían y el resto lo decidían por sorteo.

—Sí, claro —contesté.

Sawyer soltó una risita ahogada.

—En ese caso, Ash es mía.

Kayla sonrió, pero parecía más irritada que divertida.

—Este año asignaremos dos jugadores a cada chica. Así que tendrás que cuidar de otro chico. Los muchachos aún no han elegido, pero dudo que te escojan a ti, dado que eres de Sawyer. Tendrás que participar en el sorteo.

Nicole rió y al instante me preparé para uno de sus comentarios groseros.

Sin pensar, eché un vistazo en dirección al sonido de su risa y en seguida deseé no haberlo hecho. Beau estaba sentado en el suelo, apoyado en una rueda de tractor con las piernas abiertas de par en par. Justo en medio de sus musculosas piernas estaba sentada Nicole. Le rodeaba el cuello con un brazo y el otro descansaba sobre su rodilla. Habría sido más fácil que se levantara y me diera un puñetazo en el estómago. Que me diese unos cuantos porrazos. En ese momento, el dolor habría sido una distracción muchísimo más agradable que la opresión que sentía en el pecho.

Los ojos de Beau se fijaron en mí. Después de todo lo que habíamos pasado juntos esperaba ver en ellos un rastro de… no sé. De algo. Pero verme no parecía haberle afectado en absoluto. Fue como si esas dos semanas no hubiesen existido. Me tragué el nudo que tenía en la garganta.

—¿Sabes, Ashton?, siempre me he preguntado qué es lo que haces tan bien para mantener a Sawyer atado con una correa tan corta. Seguro que escondes algún tipo de talento oculto.

Nicole arrastraba las palabras, pero había hablado en voz alta y estaba segura de que todos la habían oído. Incluso la gente que no estaba en nuestro pequeño grupo. Se me revolvió el estómago. Dios mío, esperaba no volver a vomitar.

—No es una sola cosa, Nic, es perfecta en todo lo que hace. —La voz de Sawyer sonaba tan tranquila y agradable como siempre.

—Lo dudo mucho. Lo que pasa es que has olvidado qué se siente al pasar un buen rato —gruñó Nicole.

Sawyer se puso tenso y sus brazos me apretaron con más fuerza, como si me estuviese protegiendo. Siempre me había preguntado qué había hecho Sawyer con Nicole cuando salían. Había habido ocasiones en las que me había sentido celosa cuando ella le miraba, como si supiese cosas de él que yo desconocía. Pero Sawyer tenía tanto cuidado de no ir nunca más allá de los besos que supuse que era tan casto como yo lo era también. «Era» es la palabra clave.

—Cállate, Nicole. —La voz grave de Beau bufó la orden. Ella soltó otra risita y se inclinó hacia delante para menear los pechos sin sujetador delante de Sawyer.

—Te acuerdas de lo bien que lo pasamos, ¿verdad, Saw? Nos divertimos mucho —prosiguió Nicole arrastrando las palabras.

—Cállate de una puta vez —bramó Beau enfadado, apartándola de un empujón.

Saber que mi novio no era tan inexperto como había creído tendría que haberme dolido. El hecho de que había sido incapaz de quitarle las manos de encima a Nicole aunque no tenía problemas para no tocarme a mí debería haberme preocupado. Pero no fue así. Lo único que sentí fue alivio al ver que Beau empujaba a Nicole.

—¿Qué te pasa? ¿No te gusta que cuente que tu primo me tuvo primero? Mmm, no tengas celos, cariño. Tú eres el único que se meterá en mis pantalones esta noche —dijo Nicole en un intento de ronroneo que sonaba como si estuviese jadeando.

Sawyer se movió desde atrás y me cogió el brazo para tirar de mí. Sentí la mirada de Beau encima y le miré de reojo. En ese instante, vi al Beau al que creí amar. Sus ojos decían que lo sentía mientras empujaba a Nicole distraídamente. En ningún momento rompió el contacto visual, mientras Sawyer me guiaba hasta los árboles. En sus ojos había el mismo sufrimiento que atormentaba mis sueños. Le ofrecí una sonrisa triste antes de darme la vuelta para seguir a mi novio entre las sombras de los árboles. La luz de la hoguera desapareció, junto al ruido. La luna asomó entre el follaje diseminando luz suficiente como para no chocar contra un árbol o tropezar con una rama caída.

—Ash, lo siento —dijo Sawyer tomándome en brazos al llegar a su camioneta—. Es un ser despreciable y no sé por qué salí con ella. Ojalá Beau se librase de Nicole.

Me besó la coronilla como si fuese una niña necesitada de consuelo. No tenía ganas de llorar. Pero quería saber por qué. Había creído durante tanto tiempo que Sawyer estaba libre de pecado y que era yo la que debía ser domesticada, y ahora resultaba que no era cierto.

—¿Te acostaste con ella, Sawyer? —pregunté mirándole a los ojos. Su expresión de culpa contestó por él. Me cogió la cara entre las manos.

—Ash, ocurrió hace mucho tiempo. Fue mi primera novia, y aunque era bastante salvaje para tener trece años, todavía éramos muy jóvenes. Claro que no nos acostamos —explicó.

—Está claro que algo hiciste. A mí casi ni me tocas, pero parece que con Nicole llegaste mucho más lejos.

Sawyer frunció el ceño. No esperaba que manifestase mis sentimientos. Normalmente, cuando estaba molesto yo intentaba que se sintiera seguro. Nunca quería contrariarle. Ponerle las cosas fáciles a Sawyer había sido mi mantra durante demasiado tiempo. Bien, esa parte de la farsa que estaba viviendo se había acabado. Basta de darle palmaditas en la espalda.

—Ash, tomé algunas malas decisiones con Nicole. Me empujó a hacer algunas cosas. Y sucumbí. Pero tú, tú eres diferente. Eres buena. Lo nuestro no es cuestión de sexo.

¿Cómo se puede estar enamorado de alguien y no querer sexo? Éramos humanos. Él era un adolescente, tenía hormonas.

—¿No te sientes atraído por mí? Sé que no tengo el cuerpo de Nicole, ni voy a ganar ningún concurso de belleza, pero si me quieres lo lógico es que acostarte conmigo te resulte tentador.

Tres semanas antes no habría tenido el coraje de decir esas cosas. Estar con Beau me había cambiado.

La expresión de Sawyer se debatía entre la sorpresa y la confusión.

—Ashton, te respeto. Eres todo lo que siempre he querido en una mujer. No eres sólo una chica cualquiera con la que pasar el rato durante mis años de instituto. Pienso casarme contigo algún día.

¿Casarme con él? ¿Cómo? ¿De verdad? DIOS MÍO.

Sonrió ante mi expresión de asombro.

—Te quiero, Ashton. Quiero quedarme contigo para siempre. Me atraes mucho, pero no quiero que mi futura esposa pierda la virginidad en la plataforma trasera de una camioneta.

Beau

Todo era un gran engaño. Ash no era feliz. Se le notaba en la cara. Había estado tan tensa cuando Sawyer la abrazaba que era imposible no darse cuenta. Eso también me había cabreado. No soportaba verla tan incómoda. Entonces Nicole abrió su estúpida boca y consiguió disgustarla aún más. Quería creer que se lo merecía, pero no podía. Algo iba mal. Me había equivocado al no enfrentarme a ella cuando vino a verme.

Mi estúpido orgullo había dejado que se marchase. La había cagado pero bien.

—No seas tan malo —dijo Nicole, apoyándose en mi brazo en un intento de no caerse de bruces. La agarré de los hombros y la empujé para que se sentara en la rueda de detrás. No podía mantenerse de pie sin ayuda y yo no quería sentir sus manos encima de mí. La expresión en los ojos de Ash cuando nuestras miradas se encontraron había hecho que cada parte de mi cuerpo que Nicole había tocado me pareciese sucia y vulgar. La quería lejos de mí.

—¿Qué pasa contigo y con Ash? —La pregunta de Kayla me sacó de mi agitación interna, y dirigí la vista hasta su mirada curiosa. Mierda. Siempre es una mujer la que se da cuenta de lo que los demás ignoran.

—Entre Ash y yo no pasa nada.

Arqueó una ceja con incredulidad.

—Mmm, lo que tú digas, Beau —replicó antes de llevarse el vaso de plástico a los labios. Esta chica siempre había sido una entrometida.

—¿Puedes llevar a Nic a casa? —pregunté a Ethan, apartándome lo suficiente como para que Nicole no pudiese meterme mano.

Ethan se encogió de hombros.

—Sí, supongo. Si me echa los tejos, ¿me darás una paliza mañana?

—No, disfruta un rato.

Sonrió con suficiencia y sacudió la cabeza. No esperé a ver qué tonterías se le escapaban de la boca y me dirigí a la camioneta. No podía quedarme. Sólo había venido porque sabía que ella iba a estar aquí.

El deseo de verla había sido la única razón por la que había aguantado a Nicole y a Sawyer. La echaba de menos. La echaba la hostia de menos. Después de ver su sonrisa triste y su mirada esperanzada mientras se alejaba, mis ilusiones de que quizá lo nuestro no había acabado se habían renovado. Quizá seguía teniendo una oportunidad.