Por Jaap me enteré al día siguiente de que sus colegas tampoco habían estado inactivos. Habían ido a visitar a Mira y a Frederik Roes, a Kalman Teller y también a Vandersloot. Había sido solo una primera vuelta y todavía no tenían nada concreto. Vandersloot poseía una coartada sólida, pero a pesar de todo se le había visto muy nervioso. Les había indicado que si querían seguir hablando con él, solo lo haría en presencia de su abogado. Para comprender mejor el pleito que ya llevaba años arrastrando, habían ido a ver también a los abogados de ambas partes. Entre tanto, Fichtre ya había dejado de serlo y también quería relacionarse lo menos posible con el asunto. Lo único que quiso decir fue que Mira y Frederik Roes no le parecían personas agradables con quienes trabajar y que ya desde el principio tuvo la impresión de que, si pensaban de manera distinta sobre determinadas cosas, es que les importaba muy poco su consejo profesional. Los abogados del hospital y Vandersloot les habían explicado a los inspectores con pelos y señales cómo el matrimonio Roes se dejaba llevar por ideas falsas, las pocas posibilidades que tenían de cosechar algún éxito y cómo en el curso de los años esto se había convertido en una obsesión cada vez mayor contra la más pura lógica. Así se habían adelantado a lo que pudiera venir.
—Los abogados del hospital saben que a Mira y a Frederik Roes les apoya económicamente ese Kalman Teller tuyo. Pues bien, le han estado poniendo de vuelta y media delante de mis colegas, que si había conseguido sobrevivir al campo de concentración porque había colaborado con los nazis, que eso lo sabían por la propia comunidad judía. Y en la Shell lo habrían despedido por problemas psíquicos. Un hombre sin amigos, que se hizo rico especulando en bolsa. Llegaron a sugerir incluso que estaba ayudando a Mira porque en el pasado habían mantenido una relación amorosa. ¿No estuvo yendo a su casa durante años? ¿Cómo podía explicarse, si no, que un hombre que vivía tan retirado y que tenía tan pocos contactos se esforzara tanto por su causa?
—Si lo cuentas así, ¿qué impresión habrá causado en tus colegas? —pregunté—. ¿Por dónde va el asunto?
Jaap se encogió de hombros y dijo:
—Vandersloot puede que haya estado nervioso, pero tiene una coartada. Mira y Frederik Roes llevan ya diez años enfrascados en un pleito y todavía no han recibido ni una sola vez una sentencia a su favor. Ese es un hecho que habla en su contra. Se indagará sobre Vandersloot, pero ¿si eso no aporta nada? No es mi caso, pero existen muchas posibilidades de que vayan más en la dirección del propio Sunardi. Quizá hubiera otra razón para que quisieran acabar con él, ¿no? De verdad que no lo sé. —Cambió de tema y dijo—: Mañana me voy a casa. No tengo nada en contra de la habitación que me estás pagando, pero estoy muy contento. Así podré volver a fumarme un cigarrillo por fin sin tener que cruzarme primero todo el hospital.
—¿Necesitas que venga a ayudarte? —le pregunté.
—No, gracias. Mis padres vendrán a recogerme mañana y Elzeline ya se ha ofrecido para hacerme la comida.
—Te he traído un par de libros y un DVD. ¿Sigues interesado?
—Sí, claro, déjame verlos.
Había estado mucho tiempo delante de mi librería sin poder elegir nada. Cuantos más libros miraba, mayores eran mis dudas sobre el beneficio que podrían aportarle a Jaap. Por fin, cogí sólo dos. Uno con una introducción al budismo y el otro con las experiencias de Janwillem van de Wetering, que había profundizado en el zen y escribía sobre el tema de una manera muy sensata y a veces humorística.
—Tal vez debas empezar con el DVD. Es de Eckhart Tolle. Ese nombre no te dirá mucho, pero se hizo famoso con El poder del ahora. Si te gusta el DVD, también puedo dejarte el libro. Es agradable mirarlo y escucharlo, relaja mucho. Está sentado en una silla ante el público y va predicando todo tipo de sabidurías que de una u otra manera también puedes encontrar en el budismo. Bueno, sí, mira a ver qué te parece.
De camino a casa, estuve reflexionando sobre lo que habían sugerido los abogados del hospital acerca de Kalman Teller. Aunque me parecía una vil difamación, algo había despertado en mí, en el sentido de que todavía no había logrado enterarme de los motivos que le habían llevado a implicarse tanto. Quizá ya era hora de dar un vuelco a esta situación con un par de llamadas telefónicas. No iba a preguntarle a Mira Roes si había tenido una aventura con Kalman Teller, pero sí que esta me había dado a entender que existía un antiguo colega de trabajo con quien mantenía todavía contacto de vez en cuando. Quizá de esa manera pudiera averiguar algo sobre sus supuestos problemas psíquicos.