Allende estas paredes de piel
se sienta una niña;
ante ella reposa en seda ajada una baraja.
Aún no puede hablar
y las escenas que se suceden a sus ojos
no las había visto en esta vida.
La niña observa una solitaria carta
de nombre Obelisco, piedra gris,
tanto que áspera la siente en su interior.
Obelisco yace sepultado en una loma herbosa,
como nudillo crispado asoma
de la tierra, pasado y futuro.
La niña no entorna los ojos;
los abre, de terror, puesto que se han dibujado
grietas en la piedra de piedras. Sabe, pues,
que la destrucción ha empezado.
Zorraplateada
Escolta Hurlochel,
Sexto Ejército