«Nosotras conocemos el rostro femenino de Dios —dijo la muchacha cuando nos pusimos a caminar de nuevo—. Nosotras, las mujeres, que entendemos y amamos a la Gran Madre.
Pagamos nuestra sabiduría con las persecuciones y las hogueras, pero sobrevivimos. Y ahora entendemos sus misterios».
PAULO COELHO, A ORILLAS DEL RÍO PIEDRA ME SENTÉ Y LLORÉ.