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Fuga

Una composición polifónica basada en uno, dos o más temas, que son enunciados oportunamente por varias voces o partes que las someten a un tratamiento de contrapunto, y gradualmente elaboran una forma compleja con algunas divisiones o etapas de desarrollo bien diferenciadas y un notorio clímax al final.

El puente de Groombridge estaba albergado en una cámara hiperbárica del tamaño de una habitación, contigua a la sala de preparación. Era algo grande para su finalidad, pues la presión atmosférica en Groombridge equivalía a nueve décimos de una atmósfera, pero como Jacque señaló, tenía una ventaja real para el experimento que ellos debían realizar: le faltaban ventanas.

Llegaron algo temprano, y estaban compartiendo una taza de café cuando salieron Van der Walls y su grupo.

—¿Algún resultado, doctor Van? —preguntó Carol.

—Es difícil determinarlo —meneó la cabeza—. Casi todos los animales estaban en letargo —abrió la jaula que traía y sacó un pequeño perro ovejero con la cabeza y el pecho erizados de cables. Tenía el cuerpo flojo; no quería incorporarse. Van der Walls le acarició suavemente y le habló.

—No podían usar máscaras, desde luego. El dióxido de carbono les afectó a casi todos. Sabremos más después de que veamos los resultados biométricos. Eso es, muchacho —el perro se había incorporado con aire somnoliento.

Los dos asistentes trajeron las otras jaulas.

—Está listo, Van —dijo uno de ellos. Van der Walls se calzó el perro bajo el brazo y con una cara seria les deseó buena suerte.

Jacque y Carol pusieron nuevas conexiones de plástico en dos de los respiradores y se colocaron las máscaras. No se sujetaron los tanques a la espalda, sino que los aferraron y los llevaron dentro de la cámara.

El bajón de presión les taponó los oídos.

—No es exactamente una suite para recién casados —dijo Jacque. Blancas y brillantes paredes de esmalte y suelo de losas negras, en el medio una mesa con un acuario lleno de agua barrosa. Una camilla plegable traída de la enfermería. Cámaras fumadoras.

Omnia vincit Amor —dijo Carol.

—Veremos —se acercaron abrazados a la camilla. Al pasar Jacque arrojó la chaqueta sobre una de las cámaras.

—Dijeron que las cámaras no funcionarían —dijo Carol.

Jacque se estaba quitando la camisa, un asunto engorroso porque el cuello era muy ceñido. Tuvo que pasarlo encima de la máscara, luego guiarlo sobre el tubo de aire y tanque.

—Eso es lo que dijeron —arrojó la camisa encima de la otra cámara.

Los pantalones con peto de Carol no presentaron ningún problema. Ella bajó el cierre y se lo quitó, lo dobló cuidadosamente y lo depositó en la mesa al lado del acuario. Sonrió, hundió la mano en el agua turbia y sacó el puente. Estaba húmedo, pero no pegajoso.

—Esto debería ser divertido —se acomodó en la camilla al lado de Jacque. Él la acarició con suavidad; no adelantó la mano para tocar el puente.

Ella se tendió en la camilla, apoyó la cabeza en el regazo de él, se levantó la máscara para poder besarle y lamerle.

Él le acarició el pelo corto.

—No pierdes el tiempo.

—No tengo ganas de perder tiempo —le obligó a reclinarse. Mientras trataban de acomodarse en la estrecha camilla, tocaron el puente:

Jacque   Carol
Un primer plano de su cara asombrosamente preciso, luego los genitales superpuestos «Es tan nervioso, tan sólido».   «Pero pronto tan pronto…». Imagen borrosa de varias partes de su cuerpo, moviéndose. «La piel caliente».

—No estoy nervioso —dijo él con un susurro áspero.

—Claro que no —le pasó el dedo por el pecho—. Es el vello que se te mete para adentro.

—Tengo que… ¡eh!

—Lo siento. ¿Cosquillas?

—Sólo en el ombligo, nunca pude… Así está mejor.

—Eso espero —Carol se llevó la mano de él al pecho y tocó el puente otra vez.

Jacque   Carol
Los ojos de ella cerrados ve una oscuridad roja siente dedos que le rozan con fuerza placer en los pezones dos lugares. «Piensa algo sexy… NO PIENSES». Ve la mente de ella ve la mano de él. «¿No pienses qué?».   Su cara la curva brusca de su cadera «Tan tibia, suave, tan como… Tan como… No pienses, no pienses…». La mano de él acariciándole el pecho. UNA PLAYA BAJO EL SOL BRILLANTE UNA MUCHACHA ESBELTA. «No pienses en María no pienses pienses…»

—No te censures —dijo ella suavemente—. ¿Se parece a mí? En tu mente se me parece.

—Se te parecía —le trazó una línea con el dedo, por las costillas, la cintura, la dura curva del hueso de la cadera.

Jacque   Carol
Una cálida onda de placer sigue el curso de su dedo el vientre se estremece en un nervioso «Oh date prisa, date prisa». La piel tensa, endurecida y más abajo «Allí oh ahora date prisa» labios separándose un sonido húmedo el aliento contenido «Allí oh no demasiado fuerte oh… aquí MALO aquí».   El contacto de una piel húmeda y tibia «Excitémosla un poco» y luego un vello áspero abajo detente separa los labios tan tibio tan húmedo deslízate hacia arriba y encuéntralo MARÍA CORRIENDO FUERA DEL AGUA SE SIENTA EN MI LONA SECÁNDOSE EL PELO ABRIENDO LAS PIERNAS UN MISTERIO ROSADO EN UNA AUREOLA RUBIA «No malo» aquí resbala «¿Demasiado fuerte? Yo…»

—Aquí —ella soltó el puente un segundo para ubicarle la mano.

Jacque   Carol
«Quieto ahora», ella se arroja dos veces contra él inhalando profundamente contrayendo el ano «O… OH» alejándose y acercándose nuevamente un contacto lento y suave y circular «…» dos pulsaciones tibias «…» tres disminuyendo «… oh» un cosquilleo general «Oh, Jacque».   «¡Es tan fogosa!». «¡No te fuerces! ella igual lo sabe». «Yo…». «¿Cómo?». «¿?». «¡Jesús!».

—Oh, Jacque —ella le frotó la frente contra el pecho, secándose el sudor. Él soltó el puente para abrazarla con fuerza. Tragó saliva dos veces.

—¿No necesitas muchos preliminares, verdad?

Ella le lanzó una risita en el pecho.

—Fue más de una semana. Dentro del traje no podía tocarte.

—Tuviste todo el día —dijo él.

—Me contuve —ella volvió a acariciarle—. ¿Así está bien?

—Sí —Jacque le acarició la columna, bajando el canto de la mano por la piel pegajosa y fría—. Fue… magnifico —detuvo ligeramente los dedos al llegar a la separación de las nalgas, trazando con el pulgar pequeños círculos en un hoyuelo lumbar—. Para un hombre es diferente.

—¿Mejor?

—Diferente.

Ella dejó de jadear.

—No tendría que ser tan rápido… ¡Pero el puente! Es como… Es como… ser las dos personas. No exactamente, pero algo así. Es excitante.

Jacque no pensaba lo mismo.

—Así es, así es —para Jacque era como ser observado.

—No tenemos por qué tomar el puente con las manos —dijo ella—. ¿Qué te parece así? —giró sobre sí misma dándole la espalda a Jacque—. Tómame de este modo por más tiempo —pasó la mano por encima del hombre y deslizó el puente entre la espalda y el pecho de Jacque…

Jacque   Carol
«Si trato de pensar en otra cosa» sensación de él apoyado sobre ella «ARAÑA ATRAPADA Y VISCOSA».   Un hueco blando «¡Dios!, un escarabajo viscoso una araña atrapada ¡fuera de aquí!»

Él casi la empujó fuera de la camilla al moverse para perder contacto con el puente.

—Lo siento… Mejor tomémoslo con las manos. Luego podemos soltarlo si…

—Te sentiste encerrado.

Él estaba atrapado.

Ella tendió la mano para aferrarlo.

—Jacque, ¿no tienes miedo de mí, verdad? Miedo de que esté dentro de…

—No. No, me gusta —no le mentía del todo—. Pero mantengamos el puente… a cierta distancia. No me gusta que me toque. No me gusta tan cerca.

—De acuerdo —ella se colocó la criatura al lado del abdomen—. ¿Aquí puedes tocarla?

—Sí —tocaron el puente y con la mano libre ella lo guió para que la penetrara.

Jacque   Carol
«Ahí está» el cuerpo de él tocándose tibiamente con el de ella «Ahora háblame de María». NO PUEDO un movimiento ya lento, ya rápido, una tensión creciente.   Un ligero estremecimiento una buena penetración luego una ligera resistencia repentina nalgas asombrosamente frías «No puedo» un lento movimiento de retroceso y una penetración tensa y brusca «De acuerdo»

—De acuerdo —los dos con los ojos cerrados y las caras arrebatadas. Carol acariciándole suavemente—. Confío en ti —dijo Jacque.

Jacque   Carol
Tibio húmedo Confía «Es como yo con el pelo…» resbaladizo frío afuera adentro lentamente con fuerza CON FUERZA rápidamente despacio afuera adentro «Pero Jacque no estás aquí» adentro afuera adentro «Siénteme, Jacque» afuera adentro ELLA ENCIMA LA AMÉ MURIÓ «Jacque».   «Confío en ti». SENTADA EN MI LONA SECÁNDOSE EL PELO CON LAS PIERNAS SEPARADAS DESVIANDO LA CARA LUEGO MIRÁNDOME Y EXAMINÁNDOME ATENTAMENTE QUE ESTÁ PASANDO ELLA RÍE Y DICE ESTÁS CRECIDO JACQUE Y ME PALMEA LA RODILLA Y CORRE POR LA ARENA RIENDO PERO SIEMPRE RECUERDO QUE NO HAY NADIE MÁS ALLÍ Y ELLA ENCIMA DE MÍ EN LA LONA ME ENSEÑA CÓMO «La quise era mi hermana murió»

—Murió cuando… Yo tenía doce años cuando murió.

—Jacque —ella estiró la mano hacia atrás y le tanteó la mejilla, los ojos—. Mi pobre Jacque.

En la hora siguiente ensayaron cinco diversas geometrías sexuales, y Carol quedó extenuada al cabo de nueve o diez orgasmos. Jacque estaba aun más extenuado por no poder alcanzar ninguno.

Podía empezar pero no terminar. No con la intrusión de los pensamientos de otra persona, por muy atractivos que fueran, en su intimidad: no cuando sus propias fantasías le eran reflejadas con las distorsiones de las simpatías de Carol, y a veces por sus revulsiones, aunque ella trataba de encubrirlas.

Carol no tenía esos problemas: ante todo no era tan celosa de su intimidad y además era menos sensitiva al puente. Estar conectada con Jacque era para ella un estímulo delicioso, como hacer el amor rodeado de espejos, con una historia pornográfica ilustrada proyectada en su mente.

Carol se tendió jadeando en el diván. Jacque recogió el puente, caminó rígidamente hasta el acuario y metió la criatura en el agua. Tomó su chaqueta de la cámara y se sentó al lado de Carol.

—Olvidamos las toallas —dijo, y le pasó la mano para secarla.

Ella se estiró con un ronroneo.

—¿Quieres…?

—No. Ya está bien.

—Hay mucho tiempo —el reloj daba las 23:14—. Si lo hiciéramos sin el puente…

—Por favor…

—Yo sólo…

—Carol, en otra ocasión me encantaría. ¡Pero en otra ocasión!

Ella pestañeó.

—No te enfades conmigo.

—No me enfado contigo.

—No te enfades contigo tampoco. No pudiste evitar…

—Hablemos. Mejor no hablemos.

—De acuerdo —ella intentó secarle, pero él se le escabulló y fue a vestirse. Ella le dio la espalda y hurgó en la cartera buscando un pañuelo de papel.