12

Marq aspiró con la nariz y esperó a que su cuerpo reaccionara.

—¿Tan malo ha sido? —Nim pidió otra ronda al camarero mec de Chapoteos y Olfateos.

—Voltaire —gruñó Marq. Llegó a la cima del estímulo, y su mente se aguzó al tiempo que se volvía más perezosa. Nunca había comprendido esta paradoja—. Se supone que es mi criatura, pero a veces parece que fuera lo contrario.

—Es un puñado de números.

—Claro, pero… Una vez eché un vistazo al agente subconsciente de formación de frases, y estaba generando oraciones como «La voluntad es alma». Material de mantenimiento de autoimagen, supongo.

—Podría ser filosofía.

—Sin duda él tiene voluntad. ¿He creado un ser con alma?

—Error de categoría. Estás abstrayendo «alma» a partir de agentes. Es como tratar de ir de los átomos a las vacas en un solo salto.

—Es la clase de salto que hace el simulacro.

—Si quieres entender una vaca, no buscas átomos de vaca.

—Correcto, buscas la «propiedad emergente»… teoría estándar.

—Este simulacro es predecible, amigo. Recuérdalo. Modélalo hasta que no contenga elementos no lineales que no puedas delimitar.

Marq asintió.

—Él es… diferente, muy poderoso.

—Por alguna razón efectuaron el simulacro, allá en la Edad Oscura. ¿Esperabas a un inepto? ¿Alguien que no te causara problemas? Tú representas la autoridad… y él la combatió toda su vida.

Marq se pasó los dedos por el cabello ondulado.

—Claro, si descubro una constelación no lineal que no pueda eliminar…

—Llámala voluntad o alma, y bórrala. —Nim dio un puñetazo en la mesa, sobresaltando a una mujer que estaba cerca.

Marq lo miró con burlón escepticismo.

—El sistema no es totalmente predecible.

—Entonces activa un detector de patrones. Vuelve sobre sus rastros. Inserta subagentes, maniata toda personalidad que no puedas manejar. Oye, tú inventaste esos algoritmos de constreñimiento cognitivo. Tú eres el mejor.

Marq asintió. «¿Y si es como diseccionar un cerebro en busca de la conciencia?» Inhaló profundamente y exhaló hacia el cielo raso curvo, donde se proyectaba un espectáculo insulso, quizá dirigido a los que estaban idiotizados por completo.

—De todos modos, no es sólo él. —Marq miró a Nim a los ojos—. Arreglé la oficina de Sybyl. Espío sus encuentros con Boker.

Nim le palmeó el hombro.

—Te felicito.

Marq rio. «Un amigo no te abandona aunque estés en medio de una tormenta de estupidez.» —Eso no es todo.

Nim se inclinó hacia él con infantil curiosidad.

—Creo que fui demasiado lejos —dijo Marq.

—¡Te han pillado!

—No, no. Ya sabes cómo es Sybyl. Ella no sospecha intrigas de sus enemigos, mucho menos de sus amigos.

—Maniobrar no es su fuerte.

—Tampoco creo que sea el mío —dijo Marq.

—Mmm. —Nim lo miró arteramente, con ojos entornados—. ¿Y qué más hiciste?

Marq suspiró.

—Actualicé a Voltaire. Le di programas de referencias cruzadas para dominar sus conflictos profundos, para ayudarle a conciliarse con ellos.

Nim lo miró sorprendido.

—Arriesgado.

—Quería ver qué podía hacer una mente como la suya. ¿Cuándo tendré otra oportunidad?

—¿Pero cómo te hace sentir?

Marq palmeó el hombro de Nim para ocultar su embarazo.

—Pésimamente. Sybyl y yo convinimos en no hacerlo.

—La Fe no necesita ser demasiado lista.

—Yo también pensé en esa excusa.

—¿Qué piensa ese tío Seldon de todo esto?

—No se lo hemos dicho.

—Ah.

—Él lo prefiere así. No se ensucia las manos.

Nim asintió.

—Mira, amigo, ya lo has hecho. ¿Cómo lo tomó el simulacro?

—Lo conmocionó. Grandes oscilaciones en las redes neurales.

—¿Pero se encuentra bien?

—Así parece. Creo que se ha reintegrado.

—¿Lo sabe tu cliente?

—Sí. Los Escépticos están a favor de ello. No preveo problemas en eso.

—Estás haciendo auténtica investigación con esto —dijo Nim—. Es bueno para la especialidad. Importante.

—¿Entonces por qué tengo ganas de inhalar a más no poder? —Señaló con el pulgar la estúpida película del cielo raso—. ¿Para recostarme y creer que esa bazofia es sensacional?