«ZIP» ES UN HÉROE

«Zip» corría delante, mientras los cuatro Hollister lo seguían con toda la rapidez posible.

—Parece que «Zip» sabe muy bien a dónde va —observó Pete.

El fiel animal se dirigía directamente al paseo del Lago de Los Pinos. Los cuatro que le seguían pronto llegaron a un amplio trecho de la carretera nueva. No había allí persona alguna y el equipo de trabajo estaba aparcado a un lado.

—Bueno. Por lo menos sabemos que las niñas no están jugando con esta maquinaria —dijo la madre, con un suspiro.

—¿Dónde están las niñas, «Zip»? —preguntó Ricky.

El perro se volvió y ladró de manera penetrante.

—Adelante, «Zip» —dijo el señor Hollister—. Llévanos a donde están.

Los cuatro siguieron, unas veces con lentitud, otras casi corriendo, la misma senda que el fiel animal, por aquel desigual terreno. Habían recorrido un corto trecho, cuando Pete gritó:

—¡Papá, mamá, mirad! ¡Ahí está la carretilla!

Pete fue el primero en llegar. La carretilla, situada a un lado de la carretera, tenía dentro varios vasos de papel usados.

—¡Pam! ¡Holly! ¡Sue! —llamó la señora Hollister a gritos, sin obtener contestación.

El señor Hollister dio una serie dé penetrantes silbidos, pero la única respuesta que se percibió fue el eco.

De repente «Zip» dio un ladrido y se lanzó a todo correr.

—¡Zambomba! Parece que va a ese cobertizo —dijo Pete, señalando una minúscula y tosca casita donde los obreros dejaban picos y palas.

Cuando el perro llegó allí, empezó a dar zarpadas en la puerta, al tiempo que aullaba.

—¡Vamos! ¡Creo que «Zip» las ha encontrado! —gritó el señor Hollister, adelantándose con Pete y Ricky.

Cuando la madre les alcanzó, pudo oír gritos que salían de la casita. Las voces eran inconfundibles.

—¡Mis pobres hijitas! —exclamó la señora Hollister—. ¿Cómo han podido ir a parar ahí?

El padre hizo girar el picaporte, pero la puerta estaba cerrada con llave.

—¡Sácanos de aquí, papá! —suplicó Pam, que había oído las voces de su familia.

—¡Apartaos de la puerta! —indicó el señor Hollister—. Voy a tener que forzarla.

Retrocedió unos cuantos pasos y luego se lanzó, corriendo, para golpear la puerta con el hombro. ¡Crash! Alrededor de la cerradura la madera se astilló y la puerta quedó abierta. Pam, Holly y Sue salieron precipitadamente y fueron recibidas por los brazos de sus padres.

—¡Qué contenta estoy de que nos hayáis encontrado! —suspiró Pam.

—¡Y yo también! —dijo Sue, riendo, aunque tenía los ojos húmedos—. No quería estar aquí toda la noche porque no tenía pijama para dormir.

—¿Cómo habéis venido a parar aquí? —preguntó la señora Hollister.

Pam explicó que, después de invitar a los obreros a limonada, se quedaron un rato a ver los trabajos. Al poco rato llegó Joey Brill.

—Nos dijo que un obrero que estaba en el cuarto de herramientas también quería beber —siguió explicando la hermana mayor—. Por eso vinimos aquí con la limonada que quedaba.

—Pero resultó que no había ningún hombre en el cuarto de herramientas —añadió Holly.

Las tres habían entrado, buscando al obrero, prosiguió Pam, y Joey se apresuró a cerrar de un portazo, para luego echar la llave.

—Los obreros ya se marchaban, por eso nadie nos oyó, aunque gritamos —siguió diciendo la hermana mayor.

—Pero ¡qué mala intención! —exclamó la señora Hollister—. De no ser porque «Zip» ha ido a casa y nos ha mostrado el camino, habríais estado encerradas aquí hasta mañana.

—Habría que hacer algo para escarmentar a ese Joey —dijo el señor Hollister, indignado.

—Sí, pero no ahora —contestó su esposa—. La cena está preparada y todos debéis sentiros hambrientos.

Sin olvidarse de recoger la carretilla, todos regresaron a casa. Pete, Ricky y «Zip», que iban delante, fueron los primeros en acercarse a la maquinaria de construcción. De repente, Pete se detuvo en seco, cuchicheando:

—¡«Zip», vuelve aquí!

Mientras el perro regresaba, Ricky preguntó:

—¿Qué pasa, Pete?

—Alguien está hurgando en la excavadora —dijo Pete en un susurro—. ¡Vamos!

Avanzando con sigilo por detrás de la excavadora de Johnny «Cuestas», los dos hermanos pudieron ver que había alguien sentado de espaldas a ellos.

—¡Es Joey! —dijo Pete, muy nervioso—. ¡Ahora es nuestra oportunidad!

Los dos chicos salieron de su escondite y corrieron hacia Joey. Éste, al oír que alguien se acercaba, saltó de la excavadora y también emprendió una carrera. Pero Pete era demasiado rápido para él. Lanzándose contra el camorrista, le cogió por los tobillos, como un jugador de rugby. Los dos chicos rodaron una y otra vez por el polvo.

—¡Eh! ¿A qué viene esto? —masculló Joe, sin aliento—. ¡Déjame tranquilo!

—No, no. ¡No puedo permitir que me golpees y hagas una mala jugarreta a mis hermanas y te quedes tan tranquilo!

El camorrista era fuerte y algo más alto que Pete, pero el mayor de los Hollister estaba decidido a castigarle. Cuando llegaron allí los padres y las tres niñas, Pete tenía a Joey atenazado contra el suelo.

—¡Has ganado tú! —hubo de admitir el chicazo—. ¡Ahora, déjame!

—No te dejaré hasta que hayas prometido no volver a molestarnos.

—Está bien. ¡Prometido!

Pete se puso en pie de un salto, mientras Joey se levantaba lentamente. ¡Qué aspecto tan ridículo tenían los dos chicos, con la cara cubierta de tierra y Joey con la nariz sangrante! El camorrista se sacudió la ropa, hundió las manos en los bolsillos y se alejó, enfurruñado.

—¡Joey no nos molestará en una temporada! —exclamó Ricky—. ¡Te has portado bien, Pete!

La familia aceleró el paso, tomando un atajo que pasaba junto a la casa de los Hancock. Estaba Ricky explicando a su padre qué era lo que estaban haciendo los transportistas, cuando «Zip» corrió hacia la casa, ladrando con desespero.

—¿Será que ha encontrado un conejo? —dijo Pam.

Pero Ricky exclamó:

—¡Mirad! «Zip» está persiguiendo a un hombre que está cerca del viejo pozo.

En la distancia, los Hollister pudieron distinguir, algo borrosa, la silueta de un hombre que, inesperadamente, desapareció.

—Es muy extraño. ¿Dónde ha podido ir? —comentó la señora Hollister.

—Vamos a averiguarlo —decidió el marido—. Estoy seguro de que a los Hancock no les gusta tener merodeadores en su propiedad.

Cuando se acercaron al viejo pozo no pudieron ver a nadie por los alrededores. «Zip» no cesaba de olfatear, pero, al parecer, había perdido la pista.

—Será mejor preguntar a los Hancock si han visto a ese hombre —opinó Pete, acercándose a la puerta, para llamar.

Nadie contestó.

—Puede que ese hombre se haya escondido dentro de la casa —dijo Pam, preocupada.

La familia se acercó a tocar las puertas y ventanas y cuando comprobaron que todo estaba cerrado con llave, comprendieron que el hombre no podía haber entrado.

—Quienquiera que fuese ha desaparecido en un santiamén —dijo el señor Hollister que luego se volvió a su esposa para comentar con una risilla—: Elaine, me temo que los Hollister no van a llegar a su casa antes de la hora del desayuno.

—Yo quiero tomar plátano y papilla —declaró Sue, muy seria, haciendo reír a los demás.

Caminaban todos por la carretera, ante la casa de los Hancock, cuando «Zip» se presentó ante Pam, meneando el rabo y con algo de papel en la boca.

—¿Qué llevas ahí, «Zip»? —preguntó, agachándose. Luego exclamó—: ¡Papá, mamá! ¡Mirad este sobre!

—¿Qué es? —preguntó la madre.

—¡El sobre de la carta desaparecida! Pero está vacío.

Muy nerviosos, todos fueron examinando el sobre y Pete aseguró que era el mismo que habían encontrado en las ruinas de la vieja estación.

—Puede que se le cayese al merodeador —sugirió el señor Hollister.

—Pero ¿qué estaba haciendo en la propiedad de los Hancock? —murmuró Pam.

Estaba la niña hablando cuando apareció el señor Hancock por un lateral de la casa.

—¿Qué tal? —saludó—. ¿Puedo hacer algo por los Felices Hollister?

Los niños presentaron a sus padres y luego hablaron al señor Hancock del merodeador y del sobre que acababan de encontrar. El dueño de la casa contestó que en su camino montaña arriba no había visto a nadie. Luego afirmó:

—Me alegro de que estén ustedes aquí. Hay algo que quería decirles.

—¿Qué es? —preguntó Pete.

El señor Hancock tardó unos instantes en contestar. Por fin, dijo:

—Finalmente he decidido no trasladar la casa.