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Viena, 25 de diciembre de 1781
En los aposentos de la gran duquesa, esposa de Pablo de Rusia, Joseph Haydn[58] hizo escuchar sus últimos cuartetos de cuerda. Entre la concurrencia se hallaban Thamos y Mozart, que estaba admirado. Haydn, que se acercaba a los cincuenta, estaba en plena posesión de su arte.
Aquella noche, Wolfgang no se atrevió a abordarlo. Dejó que descansara en él aquella música que integró en su propia creación.
El egipcio le mostró un extraño documento.
—Ya es hora de que te conozcas bien a ti mismo gracias a una antiquísima ciencia, la astrología. He aquí tu carta astral.
Ante una botella de tokay, Thamos le reveló al músico las fuerzas y las debilidades que los dioses habían decidido para él.
—Tres puntos esenciales deben subrayarse: un signo del zodíaco dominante, tu ascendente y el que preside tu tema.
—¿De dónde procede vuestro saber?
—Del abad Hermes, que lo recibió de los sabios egipcios. Permite a cada ser descubrirse, no en los estrechos límites de su individualidad, sino en función de sus relaciones con las potencias celestes. El Gran Arquitecto del Universo se compone de doce signos del zodíaco y simboliza así la perfecta armonía. Nosotros, los humanos, sólo somos una expresión parcial, más o menos discordante.
—¿Mi propia expresión es acaso negativa? —se inquietó Wolfgang.
—Negativo o positivo, no significa nada. El cielo te ofrece un material cuya naturaleza debes percibir para utilizarlo del mejor modo. El Sol, Mercurio, Venus y Saturno habitan en Acuario, ¡es decir, cuatro planetas! Un verdadero revoltijo que te convierte en un soberbio representante de este signo.
—¿Qué significa eso?
—El sentido de los ritmos, de las resonancias y del flujo creador brotan de las dos vasijas del dios Hapu, el genio de la crecida del Nilo. Aporta abundancia y prosperidad. Nunca te faltará la fuente de vida, nunca carecerás de inspiración, siempre que consumas la unidad de tu ser, sin concesiones, y permanezcas en la vía donde te construyes alrededor de un eje.
—¡La música! —exclamó Wolfgang—. He aquí mi unidad y mi eje.
—A partir de ella se organiza tu existencia, a partir de la unidad de tu creación se manifiesta la multiplicidad de tus obras, de la más divertida a la más profunda. Piensas el mundo y tu propia vida a través de la arquitectura de tu música. En ella y por ella, disciernes una energía sutil que sólo tú puedes hacer audible. Ahí reside tu deber supremo. Debes desarrollar una inteligencia sensible para abrirte a las vibraciones del universo. Esta andadura te arrastrará lejos de la realidad ordinaria. Entonces, tu obra no será de época alguna. Pero ¿sabrás ir más allá de la letra de semejante ideal, no confundir pureza y rigidez? Integrarte en la sociedad actual presenta numerosas dificultades, pues prefieres la autenticidad a la doblez y a la mentira. Sin embargo, sientes una necesidad visceral del otro y sueñas con pertenecer a una comunidad cuyos miembros sean, todos ellos, fieles a sus compromisos.
—¿La de los sacerdotes del sol?
Thamos sonrió.
—Pero es necesario llegar hasta el final de tu Búsqueda y adaptarte a las constricciones sin perder tu espontaneidad.
—¡Eso supone caminar por el filo de una espada!
—La insolencia, la cólera y las pasiones te condenarían al abismo, si tu energía estuviera mal controlada. Pero el signo de tu ascendente, Virgo, punto del zodíaco situado en el horizonte a la hora de tu nacimiento, te procura una notable ayuda, a costa de una empecinada labor. No tendrás un minuto de descanso hasta tu último aliento y no te extraviarás por caminos transversales. La precisión y el sentido del trabajo bien hecho te convierten en lo contrario de un soñador. Nada de vaguedad, partituras tiradas a cordel en las que cada nota está en su justo lugar. No soportas la imperfección, hasta el punto de herirte a ti mismo. Procura no ser susceptible, aunque la crítica, tan a menudo estúpida y ciega, hiera tu sensibilidad. Los celosos y los estériles no dejarán de atacarte, olvídalos y prosigue tu camino.
Carta astral de Wolfgang Amadeus Mozart, nacido el 27-01-1756 a las 20 h en Salzburgo
Dos planetas aún sin descubrir: Neptuno, a 9° 39' de Leo; y Plutón, a 17° 34' de Sagitario, en conjunción con la Luna.
—No es tan sencillo —objetó Wolfgang—. ¡Mi carrera depende de ellos!
—Sólo en parte, pues tu planeta dominante te permitirá escapar de ellos, un planeta que el astrónomo Herschel acaba de descubrir y al que ha llamado Urano. Como algunos pueblos de la Antigüedad lo habían descubierto ya, su campo de acción no nos es desconocido.
—¿Qué alberga?
—Una formidable energía que pasa por fases de extremada intensidad. Por eso tu destino no será lineal ni tranquilo. La tensión, la exaltación y las emociones intensas serán tu pan de cada día. Fuerza y dificultad al mismo tiempo, tu lucidez te hará ver el mundo y a los hombres tal como son, y a veces te desesperarás. Ni tibieza ni indiferencia, sólo un sentido de lo absoluto que te causará muchos sinsabores, puesto que no tienes sentido alguno de la diplomacia. No imitarás a nadie, no te parecerás a nadie y te batirás ferozmente para preservar tu independencia. Nadie conseguirá someterte. Y proporcionarás a nuestra humanidad tantas innovaciones que tardará varios siglos en asimilarlas. Ciertamente, sufrirás profundos desgarros, pues el poder de este planeta contradice el sentido de la mesura impreso en el signo de Virgo.
—¡De nuevo el filo de la espada!
—Tu casa lunar te promete importantes creaciones, cuyos resultados, benéficos, durarán mucho más allá de tu propia existencia. A pesar del éxito, mantendrás una verdadera distancia contigo mismo y no te engañarán tus propios dones. Sin embargo, solo, no alcanzarás tus objetivos. Te será necesario otro para concretar tus aspiraciones.
—Amo a Constance Weber —reconoció Wolfgang.
—Dada la presencia de Venus en Acuario y su armónico vínculo con Marte, este amor será duradero.
—Pero no bastará, lo siento. Otros son los iniciados a los misterios.
—Lo más difícil para un uraniano es aprender a tener paciencia.