Gabriel puso a Maya delante de él en el sofá, con su cuerpo completamente desnudo ahora. La había tomado como un animal, sin embargo, ella le sonrió. Su cuerpo aún zumbaba con la increíble experiencia de estar dentro y golpeando su pene dentro de ella. Pero él se lamentaba, se lamentaba no poder haberle dado el mismo placer que ella le había dado.
Se prometió no perder el control otra vez, hasta que ella estuviese saciada. Un hombre que no podía satisfacer a su mujer, tenía mucho que perder. Si no podía darle lo que necesitaba, lo encontraría en otro lugar… y no habría manera en el infierno, que él permitiera que eso sucediera.
Aún no podía creer que ella no hubiese retrocedido de él, al ver la carne cerca de su pene. ¿Por qué era tan diferente de otras mujeres?
Cuando todo esto terminara, se aseguraría que ella entendiera lo que quería: un vínculo de sangre, una unión irrevocable más fuerte que cualquier matrimonio en el mundo humano. Mientras él tendría que seguir bebiendo sangre humana, él tomaría de ella sobre todo durante el sexo, primero para establecer el vínculo, luego para renovarlo y mantenerlo.
Y Maya sólo se alimentaría de él. El vínculo les permitirá conocer los pensamientos del otro y estar al tanto el uno del otro, incluso si estaban separados. Todo lo que le pertenecía a él, también le pertenecería a ella. Y siempre le sería fiel. Incluso ahora, ya ninguna otra mujer le interesaba, y el vínculo de sangre, haría que su amor entre ellos fuera aún más fuerte.
Ella no le había dicho que lo amaba, pero estaba casi seguro que lo sentía… sólo una mujer enamorada sería capaz de ver más allá de su deformidad y permitirle tocarla. Y la forma en que ella había acariciado el feo colgajo de carne… lo había hecho con tanta ternura, que estaba seguro de que no estaría asqueada. Ella se preocupaba por él, lo sabía. Y aunque ella no lo amara todavía, haría cualquier cosa que estuviese a su alcance para hacer que se enamorara de él.
—Enséñame —le susurró.
Había una mirada curiosa en el rostro de Maya—. ¿Enseñarte el qué?
—Cómo satisfacerte. Quiero saber cómo funciona tu cuerpo.
Ella se echó a reír—. Gabriel, creo que sabes muy bien cómo funciona mi cuerpo. ¿Ya has olvidado lo que hiciste ayer?
No lo había olvidado… ni un solo segundo de eso. Pero esto era diferente—. Nunca olvidaría eso, créeme. —Él dejó que sus dedos caminaran en la unión de sus muslos. Ella se abrió para él sin persuasión—. Pero quiero que te sientas de la misma manera cuando estoy dentro de ti.
Ella estaba mojada cuando resbaló un dedo en su interior. Sus párpados se cerraron a mitad del camino, con su acción—. Mm —gimió ella.
El teléfono de Gabriel sonó—. ¡Maldita sea! —Dejando que su dedo saliera de su estrecho canal, llegó hasta su teléfono y miró el número. Era un número que había memorizado durante los últimos días—. Lo siento, cariño, tengo que tomarla. —Se dio cuenta de la mirada de desilusión de Maya.
Abrió el teléfono—. Francine.
—Hey vamp… Gabriel —se corrigió—. Tenemos que reunirnos.
—¿Ahora? —él dio una larga mirada sobre el cuerpo desnudo de Maya.
—Ahora. Lo he encontrado. Así que si quieres saber lo que te pasa, lo mejor es que vengas ahora antes de que cambie de opinión.
La emoción corría por él. ¿Ella sabía lo que estaba mal con él?— ¿Dónde estás?
—En el laboratorio. —Ella le dio una dirección en Laurel Heights, a sólo unos minutos de la casa de Samson.
—Voy a estar allí en breve.
Mientras cerraba el teléfono, miró a Maya. Ella no lo miró, y él sintió su frustración. De hecho, ahora que lo pensaba, podía sentir un montón de cosas sobre ella, no tan fuertes como lo que él conocía que haría un vínculo de sangre, pero sin embargo era una fuerte conexión. Se preguntó si era el hecho de que se había alimentado hace poco de él, y su propia sangre había creado la conexión, o si era el hecho de que habían tenido sexo.
—La bruja sabe lo que está mal en mí y quiere verme.
Un suspiro silencioso vino de Maya—. Tal vez no hay nada malo contigo. Gabriel, a mí realmente no me importa.
—Pero a mí sí. No quiero ser más un monstruo.
***
—No te ves como un monstruo para mí. —Quería mantenerlo, con la deformidad o sin ella. Sabía que no todas las mujeres serían tan acogedoras, especialmente no las humanas. Pero si él eliminara su deformidad, ¿qué le impediría salir y buscar una mujer humana? Maya cerró los ojos, se odiaba a sí misma por sus pensamientos egoístas. ¿Cómo podía siquiera considerar el detenerlo de encontrar una cura? ¿Había perdido todo lo bueno en ella? ¿Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa sólo para que se quedara con ella y que no encontrara otra amante?
—¿Qué pasa?
Ella abrió los ojos y miró su cara confusa. Claro, él le había dicho que la amaba, pero estaba en el calor de la pasión. No contaba con eso. Los hombres decían un montón de cosas cuando su pene era el que estaba al control. Sin duda, los vampiros no eran diferentes a los demás hombres.
—Mira Gabriel, quiero que sepas que está bien. No tienes que removerlo por mí. Estoy de acuerdo con esto, de verdad. No me molesta. De hecho, yo preferiría que no hicieras nada al respecto.
Una mirada aturdida viajó más hacia sus rasgos—. Maya —le instó—, ¿por qué no quieres esto para mí? Yo que pensaba que teníamos algo aquí.
Tragó saliva, pero no pudo detener las palabras que salieron de sus labios—. Una vez que seas normal, puedes tener a cualquier mujer que desees. Podrías tener a una mujer humana, no a un vampiro infértil. Así podrás tener hijos.
Gabriel maldijo—. ¡Maldita sea! ¿Quién ha sido el que te ha metido esas ideas?
Maya apartó los ojos. Ella lo había hecho enojar—. Yvette.
—Me gustaría que Yvette mantuviera su gran bocota cerrada y no hablara de las cosas que ella no sabe. —Él corrió la mano por su largo pelo y suspiró—. Dios, Maya, Yvette no sabe lo que yo quiero. ¿Quiero un hijo? Por supuesto, pero… quiero decir, tú… —Él sacudió la cabeza—. Esta es una charla que va a tomar mucho más tiempo de un minuto. Hay tantas cosas que tengo que explicarte. Pero tengo que irme ahora. Te lo prometo, tan pronto como vuelva, vamos a hablar de esto. Sobre tú y yo. Acerca de nosotros. ¿Me das el tiempo que necesito para ver a la bruja antes de hablar?
—Está bien —dijo rápidamente—. Vete. —Quería creer que él la amaba y que la quería, pero le había dicho que quería tener un hijo. Un niño que no podía darle.
Le dio un fuerte beso en los labios, antes de que él se apartara—. Haré que Yvette venga a protegerte mientras estoy fuera. Carl está aquí. Él se ocupará de ti mientras estés esperando a Yvette. Puedes confiar en ella, a pesar de las cosas que dice. —Luego se vistió más rápidamente de lo que nunca había visto a ningún hombre vestirse y se fue con la misma rapidez.
***
Los dedos de Thomas volaban sobre el teclado mientras ingresaba comandos en la computadora. Piratear los sistemas de cualquier empresa era un acto reflejo para él. Él y Eddie habían sido interrumpidos antes para buscar a Maya, pero ahora estaban de regreso en la computadora, finalmente, pirateando los sistemas de la compañía telefónica. El retraso les había costado.
—¿Puedes enseñarme eso? —preguntó Eddie detrás de él, parado demasiado cerca. Durante las últimas semanas, el hábito de Eddie de estar tan cerca de él, había comenzado a ponerle los nervios de punta.
Thomas estaba seguro de que Eddie no era ni siquiera consciente de eso, ya que todo lo que parecía hacer, era admirarlo. Después de que Eddie se había transformado sólo unos pocos meses atrás, Thomas había sido asignado a convertirse en su mentor. Como medida práctica, había permitido al muchacho que viviera con él.
—Te voy a dar un curso intensivo después, pero creo que Gabriel quiere estos datos rápidamente.
La lista apareció en la pantalla—. Esos son los registros telefónicos de Maya. Gabriel cree que el delincuente puede haberla llamado, o que ella lo llamó.
El brazo de Eddie se estiró por encima del hombro y señaló hacia la pantalla. Su aroma penetró en la nariz de Thomas—. Pero esos sólo son números de teléfono. ¿Cómo vamos a saber quiénes son estas personas?
—Estoy buscando correlaciones de la lista con las guías telefónicas y listados de las empresas de telefonía celular. —Thomas escribió un comando y pulsó el botón ENTER. La pantalla destelló en respuesta y se dividió en dos mitades. Los nombres comenzaron a correr a lo largo de la parte derecha de la pantalla, muy rápido como para ser leídos—. Cada vez que encuentra un nombre que coincide, lo encuadra en la lista.
—¡Vaya!, eso está bien. Pero ¿cómo vamos a encontrar quién es el hombre? Parece que ella tiene un montón de malditas llamadas.
Thomas se volteó hacia Eddie—. Nosotros no lo haremos. Maya lo hará. Tan pronto como la búsqueda termine dentro de una media hora, vamos a enviársela por fax. Ella señalará cualquier nombre que no le sea familiar. Ya que borró su memoria, no tiene ningún recuerdo de su nombre. Él va a estar entre los que Maya no reconozca. Entonces, haremos nuestro trabajo y lo comprobaremos.
Eddie sonrió y dio unas palmaditas en el hombro de Thomas—. Excelente plan.
Thomas le contestó con una sonrisa cansada. Sus otros amigos a menudo hacían lo mismo: darle palmaditas en la espalda, apretar su hombro en una muestra de amistad, pero cuando Eddie lo hacía, Thomas sentía algo que no debería permitirse sentir. Debido a que Eddie era heterosexual, y nada podría resultar de eso.