«Brief Candles»
(«Fogonazos»)
A veces ha sido injusto con Huxley al leer sus libros ingeniosos. Su relato es a menudo tan riguroso y vital, está tan cerca de la poesía que lo medía con la medida del poeta y luego me desilusionaba al encontrar sólo a un intelectual en lugar de un poeta. Era injusto. No es que Huxley sea después de todo un poeta, para eso es demasiado consciente y crítico, en él nunca nos encontramos con esa capa subterránea en la que junto a las ruinas aparecen los tesoros de oro guardados por dragones. Pero tampoco es «sólo un literato» pues con sus observaciones y su ironía desciende a profundidades considerables y de vez en cuando posee algo de la elegante melancolía del sabio que lo sabe todo y que sólo por la necesidad de conservar la forma prefiere sonreír a llorar. Es sabido que el público prefiere, por razones desconocidas, leer novelas gruesas a novelas cortas, también suele preferir novelas malas a novelas cortas buenas. Eso es una lástima en el caso de Huxley, pues sus novelas cortas son como composición más bonitas y originales que sus novelas.
(1932)
«Brave New World»
(«Un mundo feliz»)
Esta novela utópica de Huxley tiene todas las propiedades agradables de sus libros anteriores, las buenas ocurrencias, el humor atildado, la inteligencia irónica; su efecto sólo pierde fuerza por la utopía misma, por la irrealidad de sus personajes y situaciones. Se describe con agudeza e ironía un mundo completamente mecanizado, en el que los hombres han dejado hace tiempo de ser hombres para convertirse, de acuerdo con las funciones esperadas de ellos, en maquinitas «normadas». Sólo dos no son del todo máquinas, un superdotado y un subdotado, ellos tienen aún restos de humanidad, de alma, de personalidad, de sueño y pasión. Aparece también un salvaje, un hombre completo que perece rápidamente en el mundo civilizado normado: el último ser humano. Quedan los dos semihombres, y uno de ellos podría ser el símbolo de la propia tragedia de Huxley: la figura del literato inteligente, con talento, con éxito y brillantez, demasiado devorado por la civilización como para ser el poeta que su ambición desea, pero que conoce perfectamente la magia y el milagro de la poesía, quizás más que muchos verdaderos poetas porque ve con completa claridad que la poesía viene de raíces distintas que la técnica que al igual que la religión y la auténtica ciencia se nutre de sacrificios y pasiones que son imposibles sobre el asfalto de un mundo superficial normado con su felicidad barata de gran almacén. En este libro no se produce la tragedia, no se pasa de la ironía ligeramente melancólica, pero amamos a Huxley por ese personaje, amamos su profundo amor a Shakespeare y su gesto de resignación dulcemente irónico.
(1933)