22
La noche
Rayder estaba en su recámara, pasaban de las once de la noche, atendía a una llamada de negocios cuando Joshua le marcó por la BlackBerry. Rayder terminó la conferencia y respondió:
—Habla Rayder.
—Señor, la señorita Kerry se dirige para acá, se comunicó conmigo pidiéndome que no se lo informara… quiere que sea una sorpresa —comentó Joshua.
—Qué extraño, mañana tiene clases… está bien, tenla en línea hasta que llegue aquí y dale entrada.
Rayder sonrió, le parecía tan raro que Carolina se desvelara y más a mitad de la semana.
Las luces estaban apagadas, solo iluminaba una pequeña lámpara de led que pendía del techo sobre las escaleras que daban al estudio. Rayder estaba sentado en la sala que daba al ventanal que vislumbraba la inmensa ciudad. Escuchó como abrían la puerta y entraban lo más sigilosamente.
—Sabes que no me gusta que manejes sola a esta hora —dijo Rayder poniéndose de pie. Tenía un vaso de whisky con hielos en la mano.
—Es increíble, Joshua te contó que venía… ¿no puede guardar ni un secreto?
—Es su trabajo nena… Si quieres venir, háblame y yo voy por ti, no quiero que manejes tú de noche, ¿me escuchaste? Ahora explícame que haces aquí a esta hora, ¿qué no tienes clases mañana?
Carolina se acercó hasta él y lo abrazó por la cintura, Rayder la estrechó con fuerza y le besó los cabellos, aspiró su delicioso aroma.
—¿Traes tacones? —comentó sorprendido separándola de él.
Carolina vestía una gabardina negra larga.
—Haz el favor de explicarme…
A Carolina le costaba un poco hablar.
—¿Me das? —pidió viendo el vaso con whisky que Rayder sostenía en la mano.
—¿Para darte valor? —dijo sonriendo y le pasó el vaso con hielos—. Estás consiente que ya no te dejaré ir, que hoy te vas a quedar a dormir conmigo… aunque no quieras.
—Esa es la idea —respondió Carolina dándole un largo trago al vaso. Rayder se rio y le besó los labios, era un regalo tenerla cuando no esperaba verla hasta el fin de semana. Le buscó la lengua con ansia dándole un beso largo.
—¿Y la tortuga? No la habrás traído verdad.
—No, hoy pasaron por ella.
—Es la primera vez que te veo con tacones.
—Cuando trabajé para ti, también usaba tacones
—Esa no cuenta… —Rayder volvió a besarla.
—Espera, espera un poco, compré algo que quiero que veas, no podía aguantarme. Fuimos Grace y yo de compras.
—¿Compras? Qué bien…
—Ropa interior…
Rayder abrió los ojos, le dio un trago al whisky y lo dejó en la mesa. Con hábiles manos le desató el cinto de la gabardina y desabrochó uno a uno los botones, abrió la tela y se detuvo.
Carolina no llevaba nada más que un hermoso juego de ropa interior negro de encaje. Medias oscuras sujetas con ligeros, una tanga de hilo, un escotado brassier y los tacones negros altos, muy altos. Una visión que quitaba el aliento.
—Me encanta que hayas venido… —dijo Rayder y comenzó a besarla, le deslizó la gabardina por los hombros haciendo que cayera al piso—. ¿A qué hora tienes clase mañana?
—A las siete —respondió sin dejar de besarlo—. Creo que iré desvelada…
—Creo que no irás…