ESCENA IV

ORESTES - LAS ERINIAS

Las ERINIAS hacen un movimiento para seguir a ELECTRA. La PRIMERA ERINIA las detiene.

PRIMERA ERINIA.— Dejadla, hermanas, se nos escapa. Pero nos queda éste, y por mucho tiempo, creo, pues su almita es tenaz. Sufrirá por dos. Las ERINIAS empiezan a zumbar y se acercan a ORESTES.

ORESTES.— Estoy completamente solo.

PRIMERA ERINIA.— Pero no, oh tú, el más lindo de los asesinos, te quedo yo; ya verás qué juegos inventaré para distraerte.

ORESTES.— Estaré solo hasta la muerte. Después…

PRIMERA ERINIA.— Valor, hermanas mías, cede. Mirad, sus ojos se agrandan; pronto resonarán sus nervios como las cuerdas de un arpa bajo los arpegios exquisitos del terror.

SEGUNDA ERINIA.— Pronto el hambre lo arrojará de su asilo; conoceremos el gusto de su sangre antes de esta noche.

ORESTES.— ¡Pobre Electra!

Entra el PEDAGOGO.