DENISE lleva unos minutos esperando la llegada de Najib Ayoub. A pesar del sol que baña el puente Lekkeresluis, tiene la espalda y los pies helados.
Sobre el canal de Brouwersgracht flotan latas y botellas de plástico. Denise está muy nerviosa, y no la tranquiliza llevar un micrófono pegado al cuerpo ni que varios policías vestidos de civil vigilen los alrededores. Habría preferido rechazar la solicitud de la inspectora Molen, pero no le había quedado más remedio que aceptar.
Denise ve acercarse un coche por Brouwersgracht. Avanza lentamente, como si el conductor dudase del camino a tomar. Finalmente gira a la derecha y desaparece de su vista. ¿Será Najib Ayoub? ¿Se habrá marchado porque teme una emboscada?
Se encuentra cada vez más inquieta. Pasan casi diez minutos de las dos. Un automóvil se aproxima por Prinsengracht. El conductor parece haber reparado en ella y se dirige a gran velocidad hacia el puente Lekkeresluis. Al llegar a lo alto del puente, el coche da un frenazo y se abre la puerta del copiloto.
—¡Sube, rápido! —le ordena un hombre.
La inspectora Molen ha advertido a Denise de que Najib no intercambiará la droga en plena calle. Debe acompañarlo, a pesar de su miedo. La inspectora le ha garantizado que los seguirán muy de cerca, pero eso no acaba de tranquilizarla.
—¿Ha traído el dinero? —pregunta Denise, tratando de ganar tiempo.
Najib Ayoub la coge del brazo y la arrastra hacia el interior del vehículo. Después se lanza a gran velocidad por la retícula de calles. Hay poco tráfico a esa hora, y Ayoub parece tener una idea clara del itinerario.
El coche caracolea por las calles del centro, y los neumáticos chirrían en cada curva. Sin detenerse en un semáforo en rojo, enfilan la Valkenburgerstraat y atraviesan el túnel de Ij en dirección norte. Al salir del túnel se sumergen en un laberinto de muelles industriales y avenidas desiertas.
¿Habrá conseguido Ayoub despistar a la policía? Denise desearía volver la vista atrás y confirmar que todavía los siguen, pero no quiere despertar sospechas.
Najib detiene el automóvil frente a una nave industrial. Tras comprobar que nadie los sigue, introduce el vehículo en un almacén de estructura metálica, aparentemente vacío. Sin apagar el motor, apunta a Denise con una pistola.
—¿Dónde está la cocaína?
—En mi bolso…
Najib se lo arranca de los brazos y le da la vuelta. En medio de una infinidad de objetos, una bolsa llena de polvo blanco cae sobre el regazo de Denise.
—Eres más lista que esa maldita puta. El dinero está en la guantera.
Denise se encuentra cada vez más nerviosa. Está en un lugar solitario con el hombre que probablemente asesinó a Anita. ¿Dónde demonios se ha metido la policía? ¿Han perdido su pista?
Saca el sobre de la guantera, con dedos temblorosos, y cuenta el dinero lo más lentamente que puede. En su interior hay diez mil euros.
Najib se inclina hacia Denise y le besa el cuello. Ella intenta apartarlo, pero el hombre le da una bofetada. Le amenaza con la pistola para que se desabroche la blusa.
Denise está paralizada por el miedo. ¿Dónde coño se ha metido la policía? Sus dedos tiemblan tanto que es incapaz de desabotonarse la ropa. Ni siquiera lleva el spray antivioladores en el bolso. Mira a los lados, pero no encuentra ningún objeto con el que defenderse.
Najib le abre la blusa de un tirón. Sin dejar de apuntar a Denise con la pistola, se desabrocha la hebilla de su cinturón.