12. ¿Por qué los registradores de vuelo se conocen como caja negra?

Cuando ocurre un accidente aéreo estamos acostumbrados a escuchar que se sabrá el motivo de dicho siniestro en cuanto se localice la caja negra del avión.

Una caja negra es el registrador de vuelo, el aparato en el que se graban y registran todas las conversaciones y maniobras que efectúa la nave durante todo el tiempo en el que está en marcha.

Los primeros registradores de vuelo se empezaron a usar a finales de los años 1950 y se les llamó cajas negras, denominación que perduró incluso después de que se pintasen de un llamativo color naranja claro para facilitar su localización tras un accidente.

La denominación de cajas negras proviene, al igual que en otras situaciones (como día negro), del momento en el que las cajas negras se hacen necesarias (es decir, porque ha sucedido un accidente aéreo).

Este objeto, al que se le otorga la virtud de la indestructibilidad, en realidad son tres cajas y se trata de un complejo mecanismo formado por una grabadora de conversaciones situada en la parte delantera del aparato, una unidad de adquisición de datos técnicos colocada en la cola del avión y que registra hasta 60 parámetros de vuelo (desde la altura que ha alcanzado a su velocidad, pasando por temperaturas, turbulencias, etc.), y una unidad grabadora en la que se registran estos datos.

Los registradores actuales emplean microcircuitos de memoria flash, capaces de almacenar datos durante varios años sin alimentación de energía. Los mejores registradores de estado sólido pueden guardar del orden de 80 MB, mucho menos que la memoria de la mayoría de cualquier ordenador personal, pero suficiente para almacenar horas de grabaciones de voces de cabina o un día completo de lecturas de los instrumentos del avión. Las más recientes cajas negras, graban el sonido de voz de toda la cabina de los pasajeros, además de la de los pilotos.

Gracias a ellas se sabe que cerca del 38% de los accidentes de aviación se produce por errores o incidencias técnicas durante la maniobra de despegue, mientras que otro 26% ocurre por causas atribuibles al momento del aterrizaje. El 75% obedece a fallos humanos, el 11% a averías y el 5% restante a condiciones meteorológicas adversas.