Cuando un día del verano de 2008 me propuse escribir este libro, en lo que era una excusa pésima para retrasar el estudio de los exámenes, no tenía ni idea de todo lo que me esperaba. Han transcurrido muchos meses para ver el resultado final, en los que he defendido mi trabajo a capa y espada, y es justo recordar a todos los que contribuyeron a que este libro aterrizase en las librerías.
En primer lugar Vito, director de la Comunidad HarryLatino, que me ofreció sin reservas todo el arsenal mediático de su red para que no quedase rincón en el mundo al que no llegase la noticia. Su ayuda, como jefe, lector y amigo, fue de vital importancia.
Tampoco concibo este libro sin Naza, antigua reportera de El Profeta y cronistette en los tiempos libres. Fue la primera en leerlo y no quiero ni imaginar la de errores que habrían llegado a la imprenta de no ser por su buen ojo y criterio. Este libro es también un poco suyo.
Si el proceso de publicación fue una odisea, mi ítaca fue Ediciones B, a la que siempre agradeceré esta oportunidad tan arriesgada, y en concreto Lucía Luengo, que me dio un trato excelente desde el primer día. Todavía no sé qué pensó cuando me llamó para hacerme una oferta de publicación y le colgué porque tenía que atender al fontanero, pero prometo que en esos momentos saltaba de alegría. Es un alivio comprobar que mi libro está en las mejores manos.
Por último, pero no menos importante, este libro no habría nacido de no ser por J. K. Rowling, madre de Harry Potter y culpable de este enorme universo de imaginación. Mis análisis y críticas son fruto de la admiración. Gracias, Jo.