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No veo a Emil por el resto de la tarde, en cambio me entretengo con Cecania gastándoles bromas a las chicas de los niveles básicos.

Ella es bastante buena con las bombas de humo, sólo necesita robar los cigarrillos de alguna hermana y romper en trocitos pequeños una pelota de ping-pong para hacer magia asustando mocosas.

Estamos todavía intentando reponernos del ataque de risa que nos provocó ahuyentar a esa rubia cuando la veo venir. Sus labios pintados de un carmesí exagerado y los ojos tan verdes como los de un reptil. Nunca he entendido su necesidad de usar tanta cosa en la cara, en serio… no tiene sentido.

—Pero miren que bonito, un par de adultas asustando a las más pequeñas. ¿Muy maduro eh? —pregunta Jarvia, su voz monocorde y chillona.

En lo personal, no me considero adulta, apenas he cumplido los quince. Y esa ruba no tiene nada de pequeña; la sorprendimos fumando en el baño así que dejamos caer la bomba por la ventana, de hecho, aterrizó sobre el retrete donde tenía apoyado su bolso.

¡Ni siquiera le dañó el cabello!

—Metete en tus cosas —le advierte Ceca, en cambio yo me quedo callada, más que nada porque tiene razón. En honor a la verdad, Jarvia Roth generalmente la tiene, lo que sólo logra que me caiga peor.

—¿Mis cosas? —la aludida voltea sus ojos, el cabello rojo cayéndole por los hombros y unas diminutas trenzas más largas que el resto de su melena, le rozan los hombros—. Estamos en La Grata, no hay tal cosa como las tuyas o las mías.

Si una tiene problemas, entonces todas tenemos problemas.

—En serio, si ese es tu modo de decirnos que dejemos de divertirnos, la empatía se te da muy mal.

Cubro mi boca para no soltar una risa, pero en serio, no es fácil. La cara de Jarvia no tiene precio.

—De todos modos, no veía para eso, sino para avisarte a ti —me apunta con su estrafalario dedo índice, lo trae tan lleno de anillos, que me pregunto cómo rayos no se tuercen—, que tu compañera te necesita.

—Emil… —de forma involuntaria, su nombre escapa de mis labios en un hilo de voz. Rápidamente me repongo de la sorpresa y pregunto:

—¿Qué pasa con ella?

—Bueno, ahora sí estás más interesada en oírme ¿Cierto?

Ceca la toma del cuello antes de que yo pueda decir o hacer nada para impedirlo. Luego, la azota contra la pared tan duro que la idea de que pueda romper su cráneo se me pasa por la mente.

Me asusto y pienso en intentar ayudar, pero entonces recuerdo que se trata de Emil y necesito saber sobre lo que Jarvi está al corriente…

—Di lo que sabes de una maldita vez —escupe Ceca y yo descubro que no soy la única que maldice.

Jarvi balbucea algo sobre período de gestación y ciclo fértil entre otras cosas, pero yo sólo he prestado atención acerca de que se la han llevado, en realidad no necesito más información, sé perfectamente a qué se refiere.

Se han llevado a Emil porque entró en estado fértil, al igual que todas nosotras al cumplir los diecisiete. A mí todavía me faltan dos años para salir de aquí, para que me encierren, porque eso es lo que hacen contigo. Aún cuando lo hagan parecer como algo bueno, son nueve meses en la gran torre apartados de todo, supongo que cuando no recuerdas el día anterior la cosa no se hace tan larga aunque no por eso, menos difícil.

Para el resto es un día, sólo veinticuatro horas alejada, para mí serán nueve meses sin saber de ella. A Emil se la han llevado para iniciar su período de gestación, es probable que la vuelva a ver cuando acaben esos meses. Pero es todavía más probable que no la vuelva a ver más.