Cuando empezamos a trabajar en este libro, solo hacía ocho meses que conocíamos a nuestro editor, Adam Wilson, pero juntos ya habíamos publicado dos libros (Beautiful Bastard y Beautiful Stranger), con cuatro títulos más previstos para ese mismo año. Este tipo de calendario de publicación para una nueva colaboración entre autor-editor es un poco como un campamento de verano: todo es una locura y sucede a un ritmo vertiginoso, y no hay tiempo para darse el lujo de entablar una relación pausada para ir conociéndose poco a poco. Como con todo lo demás en la vida, a veces esa clase de experiencias tan intensas funcionan y otras no, pero con Adam hemos tenido una suerte inmensa.
Cuando nos conocimos al fin en el mes de julio, lo supimos de inmediato: es de los nuestros y comparte absolutamente con nosotras nuestra locura (o al menos lo finge de manera muy convincente, porque le enviamos cupcakes tanto reales como metafóricos). Trabajar con él ha sido una de las mejores experiencias de cualquiera de las dos, y estamos ansiosas por ver cuál puede ser nuestra próxima colaboración con él.
Al principio, cuando estábamos en pleno proceso de búsqueda de editor, leímos al menos cien entradas de blog que resaltaban la importancia de encontrar al agente adecuado.
No se trata de encontrar a un agente, decían todos, sino de encontrar al agente idóneo para ti. En realidad, Holly Root no es solo la agente idónea para nosotras, también es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Sin ella, estos libros nunca habrían encontrado el hogar ideal con Gallery, o con Adam. Ella sigue diciendo que, desde la primera vez que habló con él sobre el proyecto, supo que íbamos a entendernos a la perfección. Son esta clase de relaciones las que nos hacen sentirnos eternamente agradecidas.
Sin embargo, es también la dedicación de nuestras lectoras beta —Erin, Martha, Tonya, Gretchen, Myra, Anne, Kellie, Katy y Monica— la que nos hace darnos cuenta de que el proceso de escribir es mucho más que traspasar las palabras al papel; también consiste en encontrar la comunidad de personas que te ayuden a ganarle la batalla a la locura de los días malos, y que te ayuden a celebrar lo increíble en los buenos. Si alguna vez le has enviado a alguien tu trabajo para que lo lea, ya sabes lo vulnerable que puede llegar a hacer que te sientas esa experiencia, y queremos dar las gracias a cada uno de nuestros lectores que nos han ayudado con los libros de la serie Beautiful Bastard por encontrar un equilibrio tan perfecto entre el apoyo y las críticas. Lamentamos haber acabado con algunas de vuestras neuronas. Anne, gracias por el hallazgo de Nietzsche y su frase impactante. Jen, un millón de gracias por el trabajo de promoción y animación. Lauren, eternamente gracias por dar vida a la serie en las redes sociales y medios de comunicación, y por entusiasmarte con cada una de las portadas, sinopsis y correos electrónicos. Os queremos a todas.
Vamos a erigir (¡sí!, ¡hemos dicho «erigir»!) un monumento en honor de nuestra fabulosa S&S/Gallery Books.
MUCHAS GRACIAS, Carolyn Reidy, Louise Burke, Jen Bergstrom, Liz Psaltis, el maravilloso departamento de diseño gráfico, Kristin Dwyer (te raptaremos muy pronto), Mary McCue (SDCC el año que viene, no tendrás opción), Jean Anne Rose, Ellen Chan, Natalie Ebel, Lauren McKenna, Stephanie DeLuca y, naturalmente, Ed Schlesinger por reírse de los chistes de Hanna. Todos habéis hecho que nos sintamos como en casa. Nos habéis puesto un sofá cama en las oficinas, ¿verdad?
Escribir no es un trabajo de nueve a cinco, ni de lunes a viernes. Es un trabajo que haces cada vez que tienes un pedacito de tiempo, y es también un trabajo esclavo de la inspiración, así que si te falta incluso un pedacito de tiempo (típico), pero tienes un aluvión de ideas, lo dejas todo para correr a poner todos esos pensamientos por escrito antes de que los muy cabrones escurridizos desaparezcan.
A veces eso significa salir corriendo al ordenador mientras que la cena hierve en los fogones, y a veces significa que el marido lleva a los niños al cine o al zoológico o de excursión para que mamá pueda hacer algo. Pero, independientemente de todo eso, escribir es un proceso que requiere mucha paciencia y el apoyo de todos los que comparten la vida del escritor, y por eso dedicamos todo todito nuestro amor a los amores de nuestras vidas, Keith y Ryan. Y a nuestros hijos: Bear, Cutest y Ninja, esperamos que algún día os deis cuenta de lo pacientes que habéis sido y que ahora esa paciencia significa que vamos a pasar mucho más tiempo con vosotros. Gracias a nuestra familia y amigos por aguantar tanta locura: Erin, Jenn, Tawna, Jess, Joie, Veena, Ian y Jamie.
Y, por último, pero no por ello menos importante, escribir estas historias no significaría nada sin las personas increíbles que las leen. Todavía nos quedamos de piedra cuando nos decís que os habéis quedado despiertos toda la noche leyendo, o que habéis fingido un virus de estómago para robar un par de horas encerrados en un cuarto de baño porque no podíais dejar el libro. Vuestro apoyo y aliento significa más para nosotras de lo que somos capaces de transmitir. Gracias. Gracias por seguir comprando nuestros libros, por amar a nuestros personajes tanto como nosotras, por compartir nuestro sentido del humor y mentes sucias, y por cada tuit, mensaje de correo, SMS, comentario, crítica y abrazo. Esperamos llegar a abrazar a todos y cada uno de vosotros algún día.
A Bennett le gustaría veros a todos en su oficina.
Lo, eres mucho más que una coautora, eres mi mejor amiga, la luna de mi vida, el chocolate de mi… Bueno, ya sabes adónde quiero ir a parar. Te quiero más que a todos los grupos musicales de chicos y todas las lentejuelas y brillos de labios juntos.
¡PQ, qué guapa estás hoy! Te quiero, aunque haces que me mee de la risa. De hecho, te quiero más que a Excel, GraphPad y SPSS juntos. ¿Te está haciendo cosquillas el collar?